martes, 16 de abril de 2019

Revisitando Los Simpson: Bart el soplón




Como ya expliqué en artículos anteriores, aunque yo personalmente prefiera el alocado ritmo de gags de la 5, la T7 es considerada por muchos la mejor temporada de Los Simpson. Así que empezamos esta nueva serie de Joróbate Flanders analizando uno de dicha temporada que, aunque no es de los más recordados, resulta de lo más interesante y divertido:

Una de las grandes ironías de la serie es como Bart Simpson admira profundamente a Herschel "Krusty el payaso" Krustowsky, que es (y no solo en su aspecto físico) la viva imagen de Homer, de un padre del que se avergüenza. Aunque en 30 temporadas han sido numerosos los episodios protagonizados por el amargado humorista (y hasta videojuegos) este episodio llamado Bart el soplón quizá es el que más desarrolla la relación entre estos personajes.

Como no podía ser de otra forma, el capítulo empieza con algo que nada tiene que ver con el argumento. En este caso, la típica trama cliché (que ya había sido parodiada antes) en que la familia Simpson debe pasar la noche en una casa abandonada para cobrar una herencia. Por supuesto, esto no se convierte en un segundo especial Halloween a destiempo (tiempo habría para eso...) sino, que en un simpático e inesperado giro, han pasado una agradable noche ya que resulta ser mucho más cómoda y apacible que su famosa vivienda del 742 de Evergreen Terrace.



"Un profesional con máscara de mono sigue siendo un profesional"



Cada uno recibe 100$, y aunque Bart y Lisa ya quieren gastarlo, Marge decide que lo mejor es ingresarlo en el banco. Aunque en sí la escena no daría juego, los guionistas John Swartzwelder y Bob Kushell juegan al contraste haciendo que aburridos banqueros que hablan de términos ininteligibles para el espectador medio lo hagan mientras usan disfraces de diferentes animales, algo que en cierto modo evoca aquella mítica escena del "día del sombrero gracioso" que Marge instauró en la central nuclear de Monty Burns.

De esta forma, Bart elige una cuenta que incluye un talonario con motivos del accidente del dirigible Hindenburg (algo que, como veremos, parece ser una pista de lo que habría de ocurrir en el episodio) y no para de dar cheques con pequeñas cantidades a sus amigos, algo que posteriormente usa como argucia para conseguir un autógrafo de Krusty.

Para su sorpresa e indignación, el cheque no tiene firma sino un sello, y va a protestar al banco. Y aquí tenemos una nueva conexión con el pasado, remontándonos nada menos que a la primera temporada: si en una ocasión Homer fue culpable directo del injusto encarcelamiento de Krusty, esta vez es el mismo Bart, su fan número 1, el que ha desvelado involuntariamente un oscuro secreto: una cuenta secreta en un paraíso fiscal. Aunque esta vez no es detenido, le es embargado la mayor parte del sueldo hasta saldar su deuda. De esta forma, su programa se vuelve más aburrido que nunca y el Krustyburger, en uno de esos gags que funcionan de puro absurdo, se convierte en "haciendaburger", teniendo que pasar por una larga burocracia para una simple comida familiar.







Bart intenta disculparse con Krusty después de que su mansión y sus bienes hayan sido subastados, pero este, borracho, le rechaza, tras lo cual empieza a volar demasiado bajo con su propio avión, que se estrella contra una montaña, dando por hecho el jefe de policia Clancy Wiggum su muerte ya que solo se encuentran sus zapatos, grandes zapatos, grandes zapatos, grandes zapatooooos (perdón, tenía que decirlo) .






Puede parecer hoy que la resolución del episodio sea obvia, y quizá lo sea. Pero pensemos que, tan solo una temporada atrás, ya vimos despedirse a Murphy Encías Sangrantes (Ron Taylor) , así que tenía sentido que, después de que Lisa tuviera que asumir la pérdida de su modelo a seguir, Bart pasara por este mismo duro periodo (aunque Krusty desde luego diste mucho de ser alguien "modelo") . Quien sabe si incluso se lo plantearon y luego cambiaron de idea. En cualquier caso, podéis decir en los comentarios si recordáis lo que pensastéis la primera vez que vistéis el capítulo.

Sea como fuere, incluso aquí la serie se permite mantener toques de surrealismo en forma de un funeral oficiado por Troy McClure (Phil Hartman) que no deja de ser el mismo de siempre y un improvisado discurso del humorista Bob Newhart (interpretado por sí mismo, al que conoceréis como el profesor Protón de la sitcom The big bang theory) que a lo que había ido era a despedir a otra persona y apenas sí sabe quien es Krusty.



Y, curiosamente, acabó protagonizando un episodio similar




De repente, Bart no para de ver a un hombre con un extraño parecido a Krusty. Aunque Lisa cree que son alucinaciones provocadas por el sentimiento de culpa, decide ayudar a buscarle. Siempre que lo ha visto, ha sido en situaciones relacionadas con el mar, así que van al puerto a preguntarle al Capitán McCallister, que al único payaso que conoce es a "Pete el guapo". Pero en una pared con varios cheques sin fondos, Bart reconoce en el del marinero Rory B. Bellows una firma parecida a la del autógrafo que sí consiguió Milhouse Van Houten.


"Oh, no, ahora se pasará horas bailando"



Bart y Lisa van a interrogar a "Rory" antes de que zarpe su barco. Aunque este niega ser Krusty, le delatan rasgos físicos que de nuevo ya habíamos visto antes en otros episodios, como su peculiar marca de nacimiento en forma de toro o la cicatriz de su operación de marcapasos. Pese a todo, es feliz con su nueva vida, y se niega a volver, aunque finalmente consiguen convencerle. 

¿Por sus jóvenes fans como los 2 hermanos? No, tampoco aquí iban a tirar por lo fácil. Bart parece haber comprendido por fin la baja catadura moral de su ídolo (o quizá siempre lo supo) y, junto a Lisa, apela a la fama fácil y la respetabilidad que eso atrae. De esta forma, Krusty regresa, no sin antes "matar" a Bellows haciendo explotar su barco para cobrar un sustancioso seguro de vida con el que poder pagar por fin lo que debe.





Quizá este no sea el mejor episodio de una, como ya he dicho, extraordinaria temporada. Pero sí es mi preferido de Krusty y uno de los más divertidos, y a veces solo pido eso.

Próximamente, más episodios de Los Simpson en Joróbate Flanders.

viernes, 12 de abril de 2019

Recreativas que no puedes emular (o sí) (I)

En el pasado hubo un boom de las recreativas en España. No había ciudad, barrio o pueblo que no tuviera sus “recreativos”, incluso en la mayoría de los bares y tiendas de golosinas disponíamos de máquinas arcade.

A pesar del boom, muchas de ellas al tener un mueble más que peculiar, no las llegamos a ver en España, ya que de muchas de ellas solo llegaba la placa, montando las distintas empresas de la época sus propios muebles. Esto nos supuso perdernos muebles míticos, tener que jugar a Street Figther 2 con solo 4 botones o perdernos los míticos muebles japoneses para el 1vs1, allí aún en pleno funcionamiento, y que el anime High Score Girl de Netflix tan bien nos ha enseñado. Estos últimos también pudimos verlos el año pasado en funcionamiento en España gracias a Navarcade


 Si os gustan los videojuegos clasicos, VEDLA.


La sensación de las míticas máquinas se está recuperando con las tan de moda recreativas caseras: Cualquiera puede montar un mueble con una Raspberry Pi llena de Roms, comprar sticks arcade para jugar en los múltiples recopilatorios de las nuevas generaciones de consola, en cualquier ordenador… las posibilidades son infinitas.

Pero a pesar de los grandes esfuerzos de la comunidad por recuperar todos los juegos, hay algo que se ha quedado de camino: los muebles grandes o peculiares, los clásicos juegos de conducción o de disparos, muebles para 4 jugadores etc… Muchos de ellos difíciles de ver hoy en día (e incluso en la época, en salones más pequeños).

Hoy, en Jorobate Flanders, vamos a recordar muchos de esas peculiares recreativas, y vamos a ver si hoy en día podemos llegar a jugarlos sin que se vea afectada la jugabilidad:

Saga Silent Scope


Es imposible recordad los arcades de Konami sin que se nos caigan las lágrimas. Si es cierto que aun siguen en los salones japoneses, A SU MANERA. Atrás quedan sus míticos Beat’ em up, clásicos musicales o la saga que ahora nos ocupa.

Un poco posterior a clásicos de pistola como Time Crisis o Virtua Cop, este arcade tenia algo especial: No solo debíamos apuntar con el arma, en este caso un rifle, si no que el mismo contenía una pequeña pantalla simulando el zoom de la mira telescópica del mismo:


 Aun la echamos de menos


Esto hacia que el juego fuera mucho más pausado que los anteriores comentados, dando totalmente la sensación de ser un francotirador. En España llego a aparecer en algunos recreativos esta máquina, pero en Japón llegaron hasta una cuarta parte aparecida en 2014, con una estética más anime, que en ciertos puntos puede recordar a la saga Metal Gear Solid:



Y si, nos encataria catarla.


A pesar de su peculiar modo de juego, tuvo sus versiones para consola, siendo las más famosas las de DreamCast, en la que podías llegar a ver el zoom en la VMU (a pesar de la escasa resolución resultaba gracioso), y de PS2, incluso una más que digna conversión para GBA.

También hubo un recopilatorio para la primera Xbox con las 3 primeras partes. Incluso hubo una edición con rifle de luz, aunque la mira telescópica no contenía pantalla, por lo que seguíamos haciendo zoom con un botón como en las anteriores ediciones.


No, no es un Nerf. Era así


Veredicto: Sigue siendo muy buen juego, a pesar de perder la gracia de jugar con dos pantallas. ¿Hubiera sido posible una conversión a Wii U?

Lucky and Wild


Otra compañía más que conocida, esta vez Namco, firmaba esta joya. Namco lleva desde el 1978 en las salas recreativas, con clásicos inolvidables como Pacman, Galaga, los anteriormente nombrados Time Crisis, y la conocidísima saga Tekken, que hace pocos años ha recibido su séptima entrega en los salones japoneses. Aquí nos conformamos con su versión doméstica.

Lucky and Wild, es un rail shooter clásico. Si no contamos que vamos conduciendo a la vez. Todo un homenaje a Starsky y Hutch, y demás parejas de policías, en el espectacular mueble original deberíamos conducir a la vez que disparábamos un subfusil, mientras que un segundo jugador puede ayudarnos con un segundo subfusil:


Decidnos que no es un pasada.


Gráficos tremendos para la época y que aun mantienen muy bien el tipo, y acción trepidante marca de la casa en todos sus shooters. A pesar de todo, estos personajes quedaron en el olvido, sin ninguna aparición en consola y solo han aparecido en algún homenaje, como por ejemplo en la saga Ridge Race.

Eso si, gracias a MAME, y echándole paciencia, se puede reproducir la sensación del arcade:


Aun tan rudimentario, nos sigue pareciendo una pasada.


Veredicto: Como hemos comentado, gracias a la emulación se puede reproducir la sensación del arcade. Por tanto, ¡cargaros de paciencia y probarlo!

Saga Bishi Bashi


Volvemos con Namco, y es que con su trayectoria en los salones recreativos es imposible no volver a nombrarlos. Esta vez volvemos con una saga mítica allí en Japón, que llego a verse por España gracias a sus conversiones para PlayStation.

Esta vez la mecánica es más simple. Tres jugadores, cada uno con tres botones GIGANTES, de colores azul, verde y rojo competirán en minijuegos de lo más absurdos, desde invasiones alienígenas hasta novias lanzando tartas, pasando por juegos de puzle o sincronización.



El parecido con Point Blank es innegable.


En Japón es toda una institución, con más de ocho versiones, conversiones para móviles… Aunque la mejor versión domestica es la de PlayStation, que sumado al multitap era para echar tardes y tardes con él.

Veredicto: Aunque es divertidísimo los macro botones de la recreativa, sigue siendo igual de divertido en emulador o PlayStation. Es más, incluso nos encanta el sonido del martilleo de botonazos. A día de hoy se puede seguir jugando en uno de nuestros lugares de peregrinación favoritos: El Next Level de Madrid.

Y hasta aquí nuestro artículo de hoy, ¿Cuáles recreativas echáis en falta? ¿Conocéis rincones con recreativas a día de hoy? Como siempre, ¡déjanoslo en los comentarios!

martes, 9 de abril de 2019

El día más oscuro de Springfield: El enemigo de Homer

Supongo que a estas alturas esto no se considera spoiler...



A estas alturas ya podréis imaginar que en Joróbate Flanders es verdadera devoción la que hay por Los Simpson. Hoy está de moda decir que "la serie dejó de tener gracia cuando cambiaron la voz a Homer" como si 1: estuviese producida en España y 2: no la "cambiaron", sino que falleció el actor que había hasta la T11, Carlos Revilla. Y por supuesto que es natural que la serie después de tantos años ya no esté a la altura de los clásicos del pasado, lo que no supone en absoluto que todo sea malo, todo lo contrario. 

Pero este no es el tema que nos ocupa, al menos hasta cierto punto. A donde quiero llegar con esto es que el debate de la calidad, lo creáis o no, es casi tan viejo como la misma serie. Ya en la T4, en los "protoforos", los BBS o tablones de noticias, se criticaba el que la serie hubiera pasado de ser una realista sitcom animada a empezar a usarse un humor cada vez más surrealista, inicialmente en forma de pequeños gags como un oso polar buscando comida en un día de mucho frío o una monja que sale despedida hasta una montaña lejana por una tormenta, recursos visuales que casi recordaban a los de Ibáñez en determinadas etapas de Mortadelo y Filemón. 








Después vinieron capítulos como Homer en el espacio exterior, Rascapiquilandia... que hoy son generalmente alabados pero que ciertamente resultaban chocantes comparado con lo visto hasta entonces. Tras todo esto, hubo cambio de showrunners, el tercero ya en la historia de la serie: Bill Oakley y Josh Weinstein. Con una vuelta al realismo pero un humor más evolucionado con respecto a aquellas experimentales 2 primeras temporadas (Marge no seas orgullosa, Lisa la vegetariana, Hogar, dulce hogar, tralarí tralará, etc) la T7 se convirtió en la favorita para buena parte del fandom. 

Entonces llegamos a un punto de inflexión en la historia de Los Simpson, la octava temporada, donde la serie batió uno de sus muchos records al superar el número de episodios en prime time de Los Picapiedra. Y, quizá por eso (algo que está muy presente en el metarreferencial "El show de Rasca, Pica y Poochie") Oakley y Weinstein, en lugar de mantener esta exitosa línea, hicieron todo lo contrario: forzar al límite el desarrollo de personajes secundarios. 

De esta forma veíamos los sueños frustrados de Moe como boxeador, la separación de los padres de Milhouse, el complejo pasado de Ned Flanders...sí, incluso el incomprendido El director y el pillo se ideó originalmente aquí y se postergó para la 9. Y por fin llegamos así al tema que da título a este artículo, el episodio más oscuro de la historia de Los Simpson, algo que de no haberse llegado a escribir y/o animar bien podría ser una buena leyenda urbana creepypasta: El enemigo de Homer.






Si Indiana Jones y el templo maldito nos planteó como sería ver a una persona de a pie involucrada en las peligrosas aventuras de este arqueólogo interpretado por Harrison Ford (una buena idea lastrada por la sobreactuada actuación de Kate Capshaw) este episodio hacía algo similar a menor escala, pero quizá no por ello menos peliagudo: una persona sensata y trabajadora en el enloquecido Springfield, donde lo más parecido a alguien normal es el superintendente Gary Chalmers. 

De esta forma, el capítulo arranca con un programa de Kent Brockman llamado "La gente de Kent" (¿un guiño a lo que vendría después?) donde se nos narra la triste historia de Frank Grimes, que tras ser abandonado en su infancia pasando todo tipo de penalidades, consiguió terminar la carrera de técnico nuclear, y Monty Burns, conmovido, le contrata como vicepresidente de la central nuclear. Pero solo un día después, decide darle el puesto a un perro que había llevado a cabo un acto heróico, y destina a Grimes al sector 7G con Lenny Leonard, Carl Carlsson...y Homer.

Desde ese momento, vemos como a este nuevo empleado nadie le hace caso en sus continuas quejas sobre la total ineptitud de Homer, al que quizá exageran incluso más estos rasgos para marcar el contraste entre ambos. De esta forma, le vemos tirar un cubo de agua sobre los mandos que controla al saltar una alarma, o confundir ácido sulfúrico con un refresco. Frank consigue salvarle la vida, pero lo único que consigue es una dura bronca del millonario dueño de la central por haber destruido una pared, convirtiéndose desde ese momento en un declarado enemigo de Homer.







Homer, afectado por lo ocurrido, intenta arreglarlo todo invitándole a cenar. Pero esto solo aumenta el rencor de Grimes: mientras que él tiene que estar pluriempleado para vivir en un pequeño apartamento encima de una bolera (y debajo de otra) , Homer tiene una casa bonita, 2 coches, una buena familia...y además Bart es el dueño de una fábrica, en la típica subtrama que aquí se ve convenientemente conectada.

En su desesperación, decide manipularle para participar en un concurso de maquetas de centrales nucleares sin que sepa que es solo para niños. Ninguna le gusta a Burns (ni siquiera la de Martin Prince, que es tan sofisticada que ilumina el propio salón de actos), y Homer es declarado ganador recibiendo la aclamación de todos sus compañeros, lo que acaba con la cordura de Grimes...y con su vida.







Si esto ya era oscuro, la escena final no se quedaba atrás: Homer interrumpe el funeral oficiado por el reverendo Timothy Lovejoy hablando en sueños con Marge, y todos (incluído Burns) se ríen con ello. En su día reconozco que es un episodio que no terminaba de convencerme, pero con el tiempo he ido sabiendo valorar lo que quisieron hacer, y aunque no sea mi episodio preferido (ese honor recae en otro de la misma temporada) sí está en mi top5 de Los Simpson.

Como siempre, podéis sugerir otros capítulos que os gustaría que reseñe en los comentarios. Dedicado a la memoria de Carlos Revilla.

viernes, 5 de abril de 2019

Grandes placeres culpables del cine (1)

Estrenamos nueva sección en Joróbate Flanders. Si en Juegos malos (o extraños) que deberías probar analizamos las virtudes y defectos de determinados videojuegos, aquí haremos lo propio con esas películas que quizá no son clásicos del cine pero siempre resultan divertidas de ver. Empecemos:


Armageddon


La película preferida de Borja Pérez


En 1998 fui al cine por primera vez. De forma un poco accidental elegimos ver Armageddon, el máximo exponente ese año de un género que vivió un curioso auge en la segunda mitad de los 90: el de las películas de catástrofes naturales, en este caso un gigantesco asteroide que puede suponer el fin de la humanidad, dirigida por Michael Bay y protagonizada por Bruce Willis, Ben Affleck y Liv Tyler.

Estrenada a la sombra de una película muy similar ese mismo año como es Deep Impact (con un extraordinario reparto formado entre otros por Robert Duvall, Morgan Freeman, Vanessa Redgrave y un joven Elijah Wood, y producida por Steven Spielberg) que posiblemente era más realista desde un punto de vista científico, esta fue no obstante la más exitosa de ese verano. 

 Hoy en día se le ven mucho más que antes las costuras, por ejemplo: ¿no sería más fácil enseñar a perforar a verdaderos astronautas? (algo con lo que ironizó el propio Affleck en los audiocomentarios del DVD) . Además, algunos personajes (como suele ser habitual en el cine de Bay) no resultan del todo correctos desde un punto de vista actual, como el estereotipado cosmonauta ruso al que interpreta el actor sueco Peter Stormare (al que algunos recordaréis como John Abruzzi en Prison Break) . El propio director reconoció años después que fue un rodaje problemático. 

Pero cuando la veo, no pienso en esto, sino en lo mucho que me divertí en su día, y como todavía hoy en día las más de 2 horas que dura se pasan volando, así como la gran banda sonora de Aerosmith, y su emotivo final que no spoilearé.







Pequeños guerreros


"El arma se saca para usarla, el que la saca para enseñarla es un parguela"




Con franquicias como Shrek, Dreamworks ha sabido crear, guste o no (reconozco estar entre los segundos) un reconocible estilo propio. Pero antes de eso, intentaron competir con Disney y Pixar con sus mismas armas con películas como Antz, La ruta hacia el dorado o El príncipe de Egipto, que fue la más exitosa llegando a tener una pseudoprecuela directa a vídeo, Joseph: rey de los sueños. Y por supuesto, también intentaron tener su propio Toy Story.

Bajo la dirección de Joe Dante (Gremlins) Pequeños guerreros (tras una escena inicial que recuerda vagamente a Robocop) nos muestra como unos contratistas militares que tienen división juguetera (sí, por qué no) deciden promover la creación de unas figuras llamadas "Comando Élite" que deben luchar contra unos extraterrestres llamados "los gorgonitas", que originalmente iban a ser un juguete educativo. 

Uno de los diseñadores, Larry Benson (Jay Mohr) decide usar para conseguir el máximo realismo unos chips experimentales diseñados para armas inteligentes, lo que hace que estos juguetes adquieran vida propia, viéndose involucrados en esta guerra Alan (Gregory Smith), su amiga Christy (Kirsten Dunst) y posteriormente sus respectivas familias, en una película de nuevo entretenida de ver, pero un tanto absurda por momentos.

Cabe destacar también que esta sería la última película de Phil Hartman (Troy McClure y Lionel Hutz en Los Simpson) antes de su trágica muerte.






Spiderman





Tras décadas de contínuos fiascos, por fin Marvel había encontrado en Blade su primer éxito en las salas de cine. Luego vino X-Men (de la que quizá hable en próximos artículos) y en 2002 por fin hacía su aparición Spiderman, que llevaba largos años pasando por las manos de diversos directores (incluso se llegó a hablar de James Cameron) para finalmente recaer en Sam Raimi, gran seguidor del personaje en su juventud. 

Como no podía ser de otra manera, esta es una película de orígenes, donde se nos muestra a un torpe y tímido Peter Parker (Tobey McGuire) enamorado de su vecina Mary Jane (Kirsten Dunst...sí, otra vez) a la que hace fotos durante una visita escolar a un laboratorio, sin darse cuenta que tiene debajo una araña mutada genéticamente (que no radiactiva como en el comic) que le pica dándole gran fuerza y agilidad, la posibilidad de escalar paredes y (este fue el cambio más controvertido, puesto que en el comic y la mayoría de adaptaciones son artificiales, con un efecto limitado) la habilidad de lanzar telarañas.

Inicialmente el ya conocido como Spiderman usa estas habilidades para conseguir dinero fácil ganando peleas de lucha libre. Pero el promotor se niega a pagarle (solo duró 2 minutos la pelea, y las condiciones eran resistir en 3) y, como represalia, se niega a detener a un atracador que le roba toda la recaudación, siendo después quien asesina a su tío Ben (Cliff Robertson) lo que le hace recordar sus últimas palabras, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" convirtiéndose en un superhéroe, haciendo fotos de sus propias batallas que luego vende al periodista JJ Jameson (JK Simmons) que desconfía de los héroes enmascarados. Su peor enemigo es el Duende Verde, quien resulta ser  Norman Osborn (Willem Dafoe), el padre de su mejor amigo Harry (James Franco) sometido también a una mutación que le hace enloquecer.






¿Qué decir de esta película? Aunque Tobey hace un buen papel en el primer acto, luego no termina de dar la talla una vez se convierte en Spiderman (curiosamente lo contrario que sucedería con su "sucesor" Andrew Garfield, habiendo encontrado quizá Tom Holland el equilibrio acertado) y la interpretación de Dafoe como el villano Norman resulta un tanto sobreactuada, recordando por momentos al Batman de Adam West.

Por otra parte, los efectos especiales resultan un tanto toscos (aún para la época) y, en un tiempo en que se intentaba alejar en exceso en lo visual el cine de los comics que adaptaban (sí, Cíclope, yo sí quería un Lobezno con lycra amarilla) la armadura del Duende Verde que sustituye a su tradicional disfraz es demasiado ridícula. Con todo, sería injusto negar el gran legado que dejó. Sin esta trilogía, posiblemente no tendríamos el actual universo Marvel.



Go go Green Goblin... 🎼


Como siempre, podéis sugerir más películas en los comentarios. Dedicado a la memoria de Phil Hartman y Cliff Robertson.

Revisitando Los Simpson: Bart el soplón

Como ya expliqué en artículos anteriores , aunque yo personalmente prefiera el alocado ritmo de gags de la 5, la T7 es considerada po...