viernes, 10 de julio de 2020

Revisitando sagas olvidadas (I): Paperboy


Empezamos nueva sección en Joróbate Flanders, en la que vamos a revisar sagas que han ido quedando en el olvido, o no tanto, como veremos ahora. Por petición de uno de nuestros lectores, vamos a empezar con un clásico entre los clásicos: Paperboy.

¡Extra, extra! ¡Lean Joróbate Flanders!


La compañía Atari ha sido una de las pioneras en el mundo del arcade. Muchas personas nos nombrarían a Pong como el primer videojuego, que, aunque no van mal encaminados, no es del todo cierto, y es que sí es cierto que el arcade Pong supuso todo un antes y después para el mundo de los recreativos. Desde aquella lejana década de los 70 Atari siguió trayendo clásico tras clásico: Breakout , Asteroids , Tempest... La lista es interminable.

Durante todo este periodo las maquinas arcade no seguían el patrón que siguieron más delante de palanca de movimiento y botones de acción, si no que el control era adaptado a las necesidades de la maquina, de aquí salió otro de los grandes éxitos de Atari, Star Wars Arcade.




Decidnos que no os gustaría tener una en casa


Esta máquina, lanzada en 1983, representaba 3 escenas de la película desde una vista en primera persona a bordo de un X-Wing. El juego supuso todo un avance en lo visto hasta la época, usando voces digitalizadas sacadas de la película y gráficos 3D vectorizados que aun hoy siguen dando una sensación de profundidad muy lograda. Además, contaba con un mando de control simulando el volante de la nave.



Para muchos, la mejor recreativa de Star Wars.

Y llegamos al año 1985 y Atari lanza una nueva recreativa, Paperboy. Esta vez dejamos atrás las licencias y el espacio por un simple repartidor de periódicos repartiendo el diario “The Daily Sun”, eso sí, como mandan los cánones de la época, lanzados a toda velocidad desde su bici. Para ello, la recreativa usaba de control un manillar de bici, que no dejaba de ser una versión modificada del volante de la anteriormente nombrada recreativa.



Está claro que querían al repartidor


La premisa del juego no puede ser mas sencilla: de entre las tres rutas disponibles, correspondientes al nivel de dificultad, deberemos recorrer las calles correspondientes a la ruta repartiendo periódicos a las casas que nos hayan indicado, dejándolos en el buzón o puerta. O eso, o destruir la casa a periodicazos, aunque con esa opción perderemos suscriptores, aunque siempre podemos volverlos a ganar si realizamos un buen servicio.

A pesar de que nuestro currante solo quiere trabajar, la ciudad está en contra de el: ruedas cuesta abajo, coches teledirigidos, obras, pumbies punkys en monociclo, viejas con carritos, y la calle con más vehículos de todos los Estados Unidos.

Al acabar, podíamos volver a jugarnos la vida, esta vez en una fase de bonus en la que tenemos que recorrer una fase de bonus con rampa, barros y más muerte. Al menos, al final nos animaban. Todo esto tendremos que repetirlo durante toda una semana de trabajo.

El juego gozó de gran éxito en arcades, lo que supuso que se versionara para prácticamente cualquier aparato que pudiéramos conectar a una pantalla o televisión, adoleciendo todas ellas de sus dos mayores problemas, una vista isométrica que complicaba mucho el poder apuntar y en casi todos los casos, un motor de detención de golpes en la bici más que injusto.

Desde la primera primitiva versión para BBC Micro, hasta las más recientes para 360 o móviles, ha habido decenas de conversiones que vamos a pasar a revisar, dejando un poco de lado estas primeras versiones para ordenadores personales, aunque si queréis comparar todas os recomendamos el siguiente video del canal Gaming History Source.

Repasando las versiones de 8 bits, con una versión de NES mucho más limitada, sobre todo en paleta de colores por cuestiones de hardware y una de Master System mucho más fiel, ambas respetaban mucho a la recreativa original, teniendo pocos añadidos que destacar.



la versión de Master System era más que fiel a la recreativa


Con la llegada de la nueva generación de consolas de 16 bits, llegó una nueva ronda de versiones de Paperboy. Mega Drive contó con una primera versión, igual que en el caso de su “hermana mayor” bastante fiel a la recreativa, y para ambas ¡La esperada, o no, secuela!.

Ambas secuelas tenían más bien pocas novedades, un cambio de perspectiva en algunas calles (¡podíamos ver las casas de la derecha!), poder elegir a Paper Girl, algo que vimos en algunas versiones de ordenador, y nuevos (y locos obstáculos), como brazos en alcantarillas, fantasmas, gente arreglando coches o payasos. Como viene siendo tonica general en esta saga, la versión de Mega Drive es muy superior a la de la consola de Nintendo, teniendo esta última una gama de colores de lo más apagada.


Este artículo no lo patrocina Sega


En el terreno de las portatiles, tanto Game Boy, como Game Gear, como otras más peculiares como Lynx o incluso una maquinita Tiger, tuvieron su versión de Paperboy.

Game Boy no se contentó con una sola versión, si no que tuvo dos, bastante parecidas entre ellas y muy limitadas en ambos casos. Pero es que Game Boy Color también tuvo su versión, bastante mediocre, ¡hasta Game Boy Advance también la tuvo! ¡Y es aun peor que las anteriores! A las pruebas nos remitimos:



Si, la misma consola que tuvo Golden Sun.


Los ultimos coletazos llegarían, sin contar la versión antes comentada de Game Boy Advance, en un intento de llevar la saga a las tres dimensiones, con una versión en Nintendo 64, que recibió malas notas por parte de toda la prensa, a excepción de IGN. Esto nos ha sorprendido tanto como a vosotros, por lo que solo nos ha quedado probarlo para expresar nuestra opinión.


Una de nuestras modestas zonas de vicio

Tras media hora de juego, podemos dar veredicto: El juego a pesar de su infame apartado gráfico, tenía ideas buenas para el paso de 2D a 3D, como un correcto apuntado del lanzamiento de periódicos con el gatillo y el stick analógico, o el añadido de un botón de salto. Pero todo no va a ser bueno, y hemos de darle la razón a la prensa, sin contar el anterior punto negativo, las músicas son igual de repetitivas que antaño, cosas como el botón de cámara que solo sirve para echar un vistazo alrededor ¡pausando el juego! o lo repetitivo del mismo lastran a un juego que no iba mal desencaminado en su paso a las 3D.


No le tenemos manía, el juego era feo como el solo


Por último, ha habido versiones totalmente fieles al de recreativa en consolas virtuales y juegos recopilatorios y tras el enésimo caso de desastroso juego para móviles, la saga ha quedado olvidada de nuestras consolas, no así de nuestra memoria y de la cultura pop, teniendo cameos en películas actuales como Rompe Ralph, o incluso un sucesor espiritual en realidad virtual, lo que hace que no nos olvidemos nunca del "The Daily Sun".




Como siempre, quedamos a la espera de vuestros comentarios ¿Cuál es vuestra versión favorita? ¿Qué sagas olvidadas queréis que recordemos?

viernes, 3 de julio de 2020

Los pioneros poco conocidos/recordados de los videojuegos (2)

Continuamos en Joróbate Flanders el repaso a las primeras partes de franquicias hoy populares:


Street Fighter (TurboGrafx-CD)





Posiblemente la maravillosa historia noventera de los videojuegos no habría sido la misma sin Street Fighter 2. Los salones recreativos y prácticamente cualquier local que tuviese el arcade se llenaba de gente haciendo cola para probarlo, y su exclusividad temporal fue un impulso decisivo para Nintendo y su SNES en las Navidades de aquel año 1992 donde llegó con un considerable retraso a una España dominada por SEGA. 

El fenómeno dio pie a innumerables spin offs (que llegan hasta nuestros días) y la saga de precuelas Street Fighter Alpha, no siendo hasta la generación 128 bits donde finalmente llegó el esperado SF3. Una vez más se dividían los patios de los colegios tanto sobre si era mejor en SNES o Mega Drive como entre incondicionales de esta franquicia y el otro mito de los juegos de lucha, Mortal Kombat. Pero lo que muchos nos preguntábamos era, ¿y donde está el primer Street fighter? ¿Existió realmente o era como Leisure suit Larry 4?

En 1987, el año en que SEGA Master System y NES llegaron a nuestro país sin hacer demasiado ruido, Capcom lanzaba esta primera entrega. Aquella era una máquina de lo más peculiar, con 2 únicos botones gigantescos de puñetazo y patada que reaccionaban según la fuerza que usaras, si bien con el tiempo se reemplazó con una configuración más tradicional de 6 botones debido a que se averiaban con facilidad.

Los únicos personajes seleccionables eran Ryu y Ken, y aunque el control era bastante tosco, ya entonces existían las técnicas que todos conocemos como el "hadoken". El jefe final era Sagat, recibiendo al derrotarle su icónica cicatriz en el pecho. 

Street Fighter obtuvo una aceptable acogida (sobre todo en EEUU) y apareció en numerosos ordenadores de la época, siendo la única consola en que fue lanzado (sin contar versiones actuales en consolas virtuales o el recomendable recopilatorio SF 25 aniversario) el también pionero periférico Turbo Grafx-CD (la versión occidental de la PC Engine de NEC) donde, para mayor confusión de los coleccionistas, fue rebautizado como "Fighting Street".






Animal Crossing (Nintendo 64/Game Cube)




Como ya habréis podido notar, en Joróbate Flanders somos grandes aficionados a la saga Smash Bros. La segunda entrega en GameCube (posiblemente la más popular, celebrándose torneos aún en la actualidad) introdujo uno de sus elementos característicos, la búsqueda de trofeos de todo tipo de personajes de Nintendo, saliesen o no como personajes y/o elementos. A luchadores que ya de por sí nos eran desconocidos como Marco Antonio  Ness o Roy se unía el curioso trofeo de un topo vestido de minero con cara de enfadado. ¿Quien era ese tal Rese T.Ado?




Turra nivel hilo de Twitter





En 2004 apareció en Europa para GameCube con 3 años de retraso (con Wii cerca de ser presentada) una de esas típicas japonesadas que parecían inalcanzables para nosotros, Animal Crossing. A rebufo del éxito de Los Sims, Nintendo apostaba por la simulación de vida con este simpático juego ambientado en un pueblo habitado por animales antropomórficos donde puedes realizar todo tipo de misiones, con eventos especiales en fechas como San Valentín, Navidad... con tal de reunir bayas con la que poder comprar objetos para mejorar tu casa.

Debido a su complejidad, con el mini-DVD se incluía una tarjeta de memoria, ya que ocupaba los 59 bloques. Gracias a este juego quedaba aclarado el misterio: Rese. T. Ado era el personaje que te abroncaba si habías olvidado grabar la partida.

Lo que entonces desconocíamos (yo personalmente lo supe hace apenas un año gracias al canal de JARM) es que este juego era la versión ampliada y mejorada de Duboutsu no mori, uno de los muchos proyectos del fallido 64DD que acabó apareciendo para N64, siendo el último juego que la "Gran N" creó para este infravalorado sistema en 2001. Como la consola no tenía reloj interno, usaba, al igual que la segunda generación de Pokemon, la propia pila del cartucho para poder funcionar a tiempo real.

Nintendo había decidido cerrar el cupo de lanzamientos para N64 a partir de diciembre de 2001 (salvo la extraña excepción estadounidense de Tony Hawk´s Pro Skater 3 en el verano de 2002) así que dicha versión inicial no salió del país nipón convirtiéndose en toda una rareza.

Tras varias secuelas (la mayoría en consolas portátiles, exceptuando 2 entregas en Wii y Wii U) el actual título de Nintendo Switch se ha convertido en todo un fenómeno social que demuestra una vez más que esta compañía, tras unos años difíciles, está quizá más en forma que nunca.








Grand Theft Auto (Multiplataforma)






Aunque siempre ha habido "jugones" de todas las edades, el mundo del videojuego era visto en los 80/90 como un entretenimiento infantil. Incluso una película tan polémica en su momento como Desafío total se convirtió en las manos de Acclaim en un sencillo y mediocre juego de plataformas.

Solo el ya mencionado Mortal Kombat empezó a cambiar un poco las cosas, si bien SNES tenía censurada la sangre y Mega Drive necesitaba de un código especial para activarla. Si querías juegos adultos, tenías que tirar de ordenador.

Aunque a primera vista podía parecer uno de tantos juegos de carreras con gráficos en vista cenital bastante simples incluso para la época (1997), Grand theft auto no tardaría en convertirse, junto a Carmageddon, en el juego más polémico del momento. 

Manejando a un matón (podías elegir entre varios personajes sin diferencia real entre sí), debías aceptar misiones de gangster, ya fuera a través de cabinas telefónicas o subiendo a determinados coches. Mientras no estuvieras ocupado con ello, tenías completa libertad para tirotear o atropellar a transeuntes, lo que te suponía tener que huir de la policía.

Aunque originalmente solo salió para MS-DOS y Windows 95, su buena acogida supuso que la entonces llamada DMA Design lo portara a Playstation (siendo uno de los títulos de PS Classic) y posteriormente a Game Boy Color, en toda una muestra de que por fin algo estaba cambiando en el mundo de los videojuegos.







Si bien el verdadero auge empezó a partir de la tercera entrega, este otro modelo aún tiene cierto culto entre las antiguas generaciones, como demostraría años después el lanzamiento de GTA Advance para GB Advance (a día de hoy el único en salir en una única consola) o GTA Chinatown Wars, originalmente exclusivo de NDS que acabaría siendo portado con algunas mejoras a PSP y, más adelante, dispositivos móviles.

Por último, cabe destacar que, aunque las versiones proyectadas para SEGA Saturn y Nintendo 64 fueron canceladas, DMA lanzó para esta última Body Harvest, juego ambientado en una invasión extraterrestre cuyo innovador sistema de sandbox 3D sentaría las bases para el futuro de la saga GTA en la siguiente generación. 






Como siempre, podéis sugerir otros juegos en los comentarios.

viernes, 26 de junio de 2020

El ministerio del tiempo: ¿final definitivo? (SPOILERS)





Aunque en España acostumbremos a hacer memes sobre la longevidad de la familia Alcántara en Cuéntame como pasó, lo cierto es que Los Simpson no es la única serie extranjera que le supera en años de emisión.

Quizá la más destacada de todas ellas es Doctor Who, que empezó a emitirse en la británica BBC en 1963. Aunque las aventuras del señor del tiempo conocido como "el doctor" a bordo de la nave TARDIS nunca han sido demasiado populares en nuestro país, esta producción generó un gran seguimiento de culto tanto en su país de origen como en EEUU hasta que finalmente se retomó en 2005 tras ser cancelada en 1989.






Cuando en 2014 se anunció que TVE emitiría su propia serie de viajes en el tiempo, reconozco que era muy escéptico al respecto.

Todavía en ese año nuestras cadenas de televisión seguían ancladas en un modelo que había grabado a fuego Médico de familia: el de las "dramedias" de 70 minutos que debían tener tramas que abarcaran a todo tipo de públicos, desde el infantil a los mayores. Un fenómeno, el de "la señora de Cuenca" que explicó a la perfección uno de los propios guionistas de la exitosa serie de Globomedia, Manuel Ríos San Martín.

Aún coleaba el fracaso de La fuga, serie muy adelantada a su tiempo que a su vez había sufrido recortes presupuestarios que obligaron a descartar su ambicioso planteamiento original en una prisión galáctica.







Aunque seguía sin estar del todo convencido, este trailer me hizo que le concediese una oportunidad, sobre todo por el hecho de salir una de mis actrices preferidas, Aura Garrido, quien interpreta a Amelia Folch, estudiante universitaria pionera de su tiempo (finales del siglo XIX) de gran inteligencia. Ella sería quien lideraría el grupo que, junto al enfermero contemporaneo Julián Martínez (Rodolfo Sancho) y el soldado de los tercios Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) trataría de conservar la historia de España con sus luces y sombras.

El piloto, "El tiempo es el que es", ambientado en la guerra de la independencia, sigue siendo posiblemente mi preferido de todos los que ha tenido la ficción española. Tras una breve presentación de los protagonistas, se establece rápidamente el tono de la serie, una especie de Liga de los hombres extraordinarios patria donde personajes históricos como el pintor Diego Velázquez (Julián Villagrán) colaboran en la misión secreta de este ministerio dirigido por Salvador Martí (Jaime Blanch) quien considera que "ni la educación, ni la sanidad ni los viajes en el tiempo deben dejar de ser públicos". 

Uno de los principales aciertos de MdT desde el principio ha sido el de no estancarse en un único género (lo que podría haberle convertido en otro de tantos procedimentales) moviéndose en diferentes estilos según lo exigiera la trama. 

Así, podíamos ver el asalto del agente renegado Leiva (José Antonio Lobato) como un thriller usando el sistema de doble pantalla de 24, intentar plantar cara a la inquisición en un homenaje medieval a Atrapado en el tiempo, o capítulos de tinte más cómico como aquel en que se nos narraba la poco conocida estancia de Napoleón (Fernando Cayo) en un convento de Tordesillas la Navidad de 1808.






Aunque las tramas son autoconclusivas, siempre ha habido un cierto hilo común entre las temporadas. En las 2 primeras temporadas teníamos como antagonista recurrente a Natalia Millán, quien interpreta a Lola Mendieta, republicana exiliada que, tras trabajar para el ministerio, se convierte en ladrona de arte y empieza a trabajar para Darrow, empresa estadounidense que quiere lucrarse con el viaje en el tiempo.

Tras la rebelión de Lola (a la que la máquina nuclear de Darrow le provoca una enfermedad terminal) la tercera temporada fue toda una analogía de las 2 Españas: el "libro de las puertas" que había robado Lola cae en las manos de sendas sociedades secretas infiltradas dentro del ministerio, el "Ángel exterminador", que pretende volver a los tiempos del absolutismo, y "los hijos de Padilla" grupo de comuneros que resulta estar liderado por el tío de Amelia. Un astuto plan de Salvador consigue atrapar a ambos grupos.

Inevitablemente, con el tiempo hubo bajas y relevos. Rodolfo Sancho empezó a salir más esporádicamente en la T2 para marcharse definitivamente en la 3, siendo sustituido por "Pacino" (Hugo Silva) cinéfilo policía de los años 80, que aunque generaba dudas entre el fandom, acabó siendo el personaje más popular. 

También la tercera temporada supuso la despedida de Aura Garrido, entrando en su lugar Macarena García como una más joven Lola que es rescatada de los nazis por Ernesto (Juan Gea) la estricta mano derecha de Salvador del que muy poca gente conoce su pasado: es el padre del mismísimo Torquemada.





Todo apuntaba a que el 3x13 (donde Alonso deja el ministerio para formar una familia) sería el algo abrupto final de la serie debido a una caída en audiencia. Pero el público de MdT no es ya el tradicional de la ficción española: son las nuevas generaciones, las que ya llevaban tiempo siguiendo series americanas por internet, ya sea en plataformas de streaming o de forma, ejem, "alegal". 

El ente público, siendo consciente de esto al ser lo más visto de su web "a la carta" finalmente dio luz verde tras más de 2 años fuera de emisión a una cuarta temporada que anoche ponía fin tras 8 episodios. ¿Ha estado a la altura? (SPOILERS del final a partir de aquí)

Como es lógico, los antiguos decorados del ministerio ya no existían. El palacio de la Duquesa de Sueca es sustituido por un antiguo edificio de Radio Nacional de España que, aún con cierto encanto retro, hace echar de menos el claustro y sus interminables escaleras. 

En cuanto a los protagonistas, Amelia solo sale en un episodio que supone el final de su personaje, y otros personajes aparecen de forma interminente, quedando Salvador, Ernesto, Irene (Cayetana Guillen Cuervo) y Alonso como los únicos fijos. Sobre todo se echa de menos conocer más a la nueva agente Carolina Bravo (Manuela Vellés) antigua concursante del Un dos tres que, intentando huir del maltrato de su marido, acaba en la corte de Felipe IV.

Pero más allá de eso, esta serie no ha perdido un ápice de su encanto, mostrando de nuevo historias poco conocidas como la del ingeniero Emilio Herrera (Vicente Romero) o la de cierta peculiaridad física de Fernando VII (Juanjo Cucalón, que además hace una interpretación autoparódica de sí mismo que recuerda a la estupenda Qué fue de Jorge Sanz) .





Pero sobre todo, esta ha sido la temporada que ha cerrado un círculo. Tras una misión en la guerra civil, Lola era secuestrada por un antiguo enemigo del ministerio muy relacionado con su pasado (o quizá habría que decir "futuro")  que pilota el Anacronópete de la novela homónima pionera del género escrita por Enrique Gaspar y Rimbau en 1887.

Esta nave es el motivo de que solo haya puertas al pasado, ya que es el medio de transporte del ministerio en 2070, una distopía donde una élite usa los viajes en el tiempo para su interés mientras el resto de la población pasa enormes penalidades.

Cuando una Lola envejecida por culpa del Anacronópete (interpretada ahora por Fiorella Faltoyano) le muestra esto a Julián (puesto que su nieta será quien salve al país y es perseguida por ello) el lado oscuro que siempre ha tenido Salvador termina por estallar ordenando a los agentes el secuestro del tatarabuelo del siniestro subsecretario del futuro ministerio Juan Salcedo (Daniel Pérez Prada) cuando solo es un bebé en una escena que homenajea a Los intocables de Elliot Ness.

Aunque finalmente la policía Carmen Ayala (Marta Milans, actriz madrileña afincada en EEUU) consigue disuadirle de cometer tan cruel asesinato (quedando el niño a cargo de Carolina) esto le hace renunciar a su cargo, nombrando a Ernesto en su lugar y despidiéndose de todos en unas cartas muy emotivas. El reencuentro de un Pacino ya anciano con Lola pone fin a la temporada, ¿y a la serie?





De ser así, sin duda estoy satisfecho (pese a algún cabo suelto) de como este episodio ha sabido cerrar el arco de todos estos carismáticos personajes. De seguir, sería interesante ver a Ayala como nueva protagonista, o quizá un spin off protagonizado por Irene, quien pasa a dirigir un departamento de mujeres olvidadas de la historia dentro del ministerio, algo que sería muy interesante y divulgativo en los tiempos que corren. 

Sea como sea, en Joróbate Flanders estaremos para comentarlo.

viernes, 19 de junio de 2020

Los periféricos más insólitos (3)

Vuelve otra de las secciones clásicas de Joróbate Flanders, el repaso a algunos de los periféricos más llamativos que hemos visto en consolas (artículos anteriores aquí y aquí) .


Kinect (Xbox360/Xbox One)




Con Playstation 2 convertida en el sistema más vendido de la historia, no había motivos para pensar que la séptima generación no fuese otro paseo de Sony. Sí, Microsoft llevaba un año de ventaja con Xbox360, pero antes o después bajaría el elevado precio de lanzamiento (600€) de PS3 y llegarían los juegos más esperados como Metal Gear Solid 4.

Finalmente PS3 superó las ventas de su rival directo por un margen muy escaso... y sin embargo no fue la ganadora. Nadie (quizá ni la propia Nintendo) esperaba el gran auge de Wii y sus sencillos juegos sociales. Y de hecho, tanto Sony como Microsoft habían rechazado la revolucionaria tecnología de control de movimientos del Wiimote. Los intentos de imitar este éxito no se harían esperar.







Este vídeo fue la gran sensación del E3 de 2009. Una verdadera experiencia de juego sin mandos, solo con movimientos y voz. El viejo sueño de la realidad virtual más cerca que nunca. Un año después, el "Project Natal" vería la luz con el nombre de Kinect, con una intensa campaña publicitaria.

Con una buena crítica inicial, pronto llegó la decepción. Uno de los juegos más esperados (Ryse) resultó no ser compatible como se dio a entender, y los que sí salieron como Kinect Star Wars estaban muy por debajo de las expectativas, convirtiéndose en una mera herramienta para el mismo tipo de juegos que estábamos acostumbrados en Wii, como la saga Just Dance de Ubisoft.





Pese a todo, en Microsoft no estaban dispuestos a renunciar a su gran invento cometiendo posiblemente el mayor error de la historia de su división de videojuegos: la inclusión obligatoria en Xbox One, algo que, unido a la también controvertida decisión (afortunadamente descartada antes del lanzamiento) de la necesidad de tener conexión permanente a internet, daba a la máquina una impresión un tanto inquietante.

Apenas pasaron 6 meses para que saliera un nuevo modelo sin Kinect, pero los 100 euros de más durante ese periodo fueron una losa ya insalvable contra PS4. En 2016 (3 años después de la original) llegó al mercado la ambiciosa revisión Xbox One S, y lo hizo sin puerto para conectarlo, confirmándose un año más tarde el abandono de su fabricación. A pesar de todo, como siempre ocurre, la scene no ha dejado morir el periférico, siendo por ejemplo demandado por la scene del virtual pinball, usándolo para dotar a las creaciones de un efecto 3D.






Tarde o temprano tendremos uno

Tuner TV (Game Gear)




Aunque hoy algunos se empeñen en recordarla únicamente por la duración de sus pilas, lo cierto es que la Game Gear de SEGA era todo un lujo de portátil para su época.

Con pantalla de color retroiluminada (frente a la Game Boy original, que se veía en un gris verdoso que costaba ver cuando había poca luz) aquello era casi una Master System que poder llevar a cualquier lado, como demuestran títulos tan estupendos como Sonic Chaos.  Además de ports como ese o Dynamite Headdy, también existía un periférico llamado Master Gear converter, que reforzaba esta percepción sobre la consola al ser compatible con un buen número de cartuchos de MS, dándole un catálogo de lo más amplio y digno.






Se hicieron campañas muy agresivas (a veces con pantallazos de MD, todo hay que decirlo) haciendo ver esta diferencia tecnológica, entre los que encontramos este curioso anuncio protagonizado por un joven Ethan Suplee, el entrañable Randy Hickey de Me llamo Earl.







Pero lo que más me fascinaba cuando de pequeño veía una y otra vez este VHS promocional de 1994 era la breve mención que hacían al TV Tuner. Esto consistía en un aparato con antena que se introducía en la ranura de los cartuchos, convirtiéndose en nada menos que un televisor portátil por unas 11.000 pesetas, lo que podía costar un juego medio para SNES en aquella época.

Hoy en día la irrupción de la TDT y el consecuente apagón analógico hace imposible sintonizar canales, pero su salida de vídeo permite que se pueda usar la Game Gear como monitor para otras consolas. Una interesante rareza para coleccionistas de SEGA.





Xbox controller "the duke" (Xbox)





Como ya hemos visto al principio del artículo con el tema del Kinect en Xbox One, la política de Microsoft con sus consolas es la de "burro grande, ande o no ande". Así, su primera consola lanzada en 2001 era un auténtico "ladrillo", mucho más voluminosa que una PS2, no digamos ya la GameCube de Nintendo. El mando (con un parecido, casual o no, al de la consola final de SEGA, Dreamcast) no le iba a la zaga en ese sentido, siendo popularmente conocido como "the duke".

La polémica llegó en la segunda edición de ese año (como ya explicamos en anteriores artículos de Joróbate Flanders, hasta 2002 era un evento semestral) del Tokio Game Show. En dicho evento, el mismísimo Bill Gates no mostró este mando, sino un microchip de control mental uno de un tamaño sensiblemente inferior y una diferente disposición de botones, el Xbox controller S. ¿El motivo? Según el filántropo, los japoneses tenían las manos más pequeñas.







Este desafortunado comentario fue posiblemente el fin de la generación para Microsoft en un país donde realmente nunca tuvo opciones con una PS2 que ahí ya llevaba 2 años en el mercado, pero acabó siendo un inesperado acierto en Occidente, ya que en 2003 se abandonó la producción del primer mando haciendo que el Controller S pasara a ser el estándar a nivel mundial, puesto que comprobaron que era mucho más práctico para jugar.

Pese a todo, "the duke" parece tener su pequeña cuota de nostálgicos, y recientemente Hyperkin lanzó una réplica compatible con Xbox One y juegos de PC. Aunque no es precisamente barato (89€) y hoy en día resulta mucho más cómodo el mando oficial de la máquina, esta resulta una buena muestra de como el paso del tiempo ha reivindicado a una gran consola que fue incomprendida en su día.





Como siempre, podéis sugerir otros periféricos en los comentarios.

viernes, 12 de junio de 2020

Revisitando Los Simpson: primera temporada





Durante muchos años, TVE2 ("el UHF", como lo conocían los viejos del lugar) , aunque siempre fue ante todo una cadena cultural, también era un espacio donde tenían cabida programas que testear de cara a un futuro estreno en la primera cadena (puesto que hasta los 80 no tuvo señal en todo el país) retransmisiones deportivas... incluso durante gran parte de los 80 y 90 el festival de Eurovisión se emitió allí ante el desencanto que supuso para la España de la transición el "rosco" de Remedios Amaya en 1983.









Con la llegada en 1990 de las cadenas privadas, empezó una intensa campaña de relanzamiento del canal, que pasó a ser conocido como "la 2". Uno de los programas que se estrenaron en ese periodo fue Estress, presentado por las actrices Bibiana Fernández, Loles León y Rossy de Palma los miércoles a las 22:00. 

Aunque pasó sin pena ni gloria durando solo una temporada, hubo algo que destacaría sobre el resto, ya que hacía el final del programa, a las 23:00, se introducía una serie animada que tenía la particularidad de estar dirigida a un público adulto, algo que incluso hoy parece costar asimilar siendo que, en mi última salida a Madrid antes de la pandemia, encontré Rick y Morty en la sección de los clásicos Disney de un centro comercial.

El 23 de enero de 1991 (tras un preestreno días antes en el prime de TVE1) 13 meses después de estrenarse en EEUU (donde eran todo un fenómeno social) Los Simpson llegaban a nuestra televisión para quedarse.






Algo que desconocíamos entonces es que el que durante mucho tiempo vimos en España como el primer episodio era el realidad el último de la temporada, si bien no iban del todo desencaminados. Me explico:

Como ya vimos en la reseña del "especial 138", Matt Groening originalmente creó a la familia de Springfield como unos cortos de animación muy tosca para The Tracey Ullman Show". Aparentemente ya entonces fueron populares en EEUU (los primeros anuncios de las barritas Butterfinger datan de 1988, y Milhouse Van Houten fue por cierto creado para uno de ellos) y en 1989 Fox aprobaba convertirlo en serie.

De esta forma, "La babysitter ataca de nuevo" fue el episodio piloto, pero problemas de producción que casi dan al traste con el proyecto fueron retrasando su estreno, que finalmente se hizo en diciembre con "Sin blanca Navidad".

Esto se evidencia en una animación extraña (hasta para ser de esta temporada) , diseños de personajes distintos a los que conocemos (no, el de Waylon Smithers negro no fue el único caso) y que Lisa, como en los cortos, sea una mera cómplice de las gamberradas de Bart.

Poco a poco irían puliéndose las personalidades de los personajes, siendo "El blues de la mona Lisa" (cameo de Ron Taylor como Murphy "Encías Sangrantes") el episodio donde por vez primera conocemos las frustraciones de la hija mediana de Homer y Marge al ser alguien tan inteligente en el peor entorno para ello, y su gran afición por el jazz.






Aunque también encontramos episodios protagonizados por Homer (destacando "La odisea de Homer", donde sufre el primero de sus numerosos despidos de la central nuclear de Montgomery Burns, y "Homer se va de juerga" donde una comprometida foto suya se hace viral) en esta primera temporada el personaje más popular era sin duda Bart (algo que la propia serie parodiaría años después) .

A lo largo de la temporada vemos a Bart copiar en un examen haciendo que todos crean que es superdotado, crear graves problemas económicos a la familia por culpa de un tatuaje (el ya mencionado especial navideño), un dramático viaje de intercambio a Francia o cortar la cabeza de la estatua del fundador del pueblo. Sin olvidar el episodio que me hizo en su día engancharme a la serie: "Bart el general", donde con la ayuda de Herman (un loco vendedor de armas amigo de su abuelo Abe Simpson, que apenas sí aparece en estos 13 episodios) declara literalmente la guerra al matón del colegio Nelson Muntz.

Además, a menudo la trama de los episodios (fuesen o no protagonizados por él) quedaban  interrumpidas por las bromas telefónicas al amargado tabernero Moe Syslack (junto a Bart y Lisa, el único que ha mantenido su voz ininterrumpidamente en España, la de Juan Perucho) que irían poco a poco reduciéndose hasta desaparecer (con homenajes puntuales) en la T4.






La que podríamos considerar de facto la season finale (al menos en cuanto a producción se refiere) "Krusty entra en chirona" (dirigido por el mismísimo Brad Bird) marcaría un punto de inflexión en la historia de Los Simpson. 

Por primera vez Kelsey Grammer (en ese momento muy popular por su papel de Frasier Crane en Cheers) hacía un cameo como el actor secundario Bob (o "Sideshow Bob", como se le llama tal cual en el doblaje español de esta T1, quizá creyendo que aquel era su nombre de pila) atracando el badulaque con Homer como testigo para incriminar así a su jefe Krusty el payaso. 




De esta forma, Bob consigue llevar a cabo su sueño de hacer un programa infantil intelectual de calidad (manteniendo no obstante la violenta serie Rasca y Pica) para entusiasmo de Lisa. Bart es el único que cree en la inocencia de su ídolo, y con ayuda de su hermana consigue descubrir la verdad gracias a varias pistas clave repartidas como el marcapasos de Krusty, su analfabetismo, o que Bob tenga de verdad unos pies gigantes de payaso. Siendo posiblemente el mejor episodio de la temporada, el actor secundario se convertiría en adelante en un villano recurrente.

Esta primera temporada posiblemente está lejos de estar en el top5, y no ayuda el hecho de que en nuestro doblaje la mayoría de voces no sean las que todos conocemos (e inclusive el desaparecido Carlos Revilla daba a Homer un tono más serio que recuerda al de Tom Hagen en El Padrino) . La animación y el color no son demasiado buenas. Pero aún así no hay que olvidar que sin ella no tendríamos todo lo que vendría después, y verla hoy día tiene un cierto encanto.

Próximamente en Joróbate Flanders, la segunda temporada.

viernes, 5 de junio de 2020

Clone Wars: la otra gran serie de Star Wars






En 2002 había gran expectación en las salas de cine ante el estreno de Shaolin Soccer   Star Wars: el ataque de los clones, la segunda parte de la trilogía de precuelas, con la esperanza de que George Lucas hubiera aprendido de los errores de La amenaza fantasma. Además, en su día la segunda de la primera trilogía había sido la mejor película, ¿no?

Pues no. Aunque se había reducido sensiblemente la presencia de Jar Jar Binks (dándole tiempo a convertirse en el verdadero villano de la saga) la cosa seguía sin funcionar. 

Si bien la batalla en Geonosis resultaba todo un espectáculo visual, hasta entonces habíamos tenido que ver casi 2 horas de aburrido metraje centrado más en la relación amorosa de Anakin Skywalker y Padme Amidala (Natalie Portman) que en la persecución del ya maestro jedi Obi Wan Kenobi (Ewan McGregor) a Jango Fett (Temuera Morrison) "padre" de Boba y fuente del ejército clon que supuestamente había encargado el fallecido jedi Syfo Dyas para la República Galáctica.

Tampoco gustaban algunas actuaciones (en especial la de Hayden Christensen como Skywalker) y, una vez más, el exceso de trama política.

Pero esto último no estaba exento de alicientes. Un jedi renegado, el conde Dooku (interpretado por el veterano Christopher Lee, que en aquellos tiempos volvía a estar en auge por su papel de Saruman en otra popular franquicia, la de El señor de los anillos) se convierte en la cabeza visible de una confederación de planetas que se separa de la República como parte de un plan de su nuevo maestro, Darth Sidious (Ian McDiarmid). Por fin íbamos a conocer el gran conflicto galáctico que apenas conocíamos de vagas menciones a lo largo de la trilogía original.



Y por alguna razón, la BSO parece la de Juego de tronos



Durante los 3 años que pasaron entre una película y otra, se sucedieron los comics, novelas y hasta un olvidado videojuego multiplataforma de Pandemic sobre las Guerras Clon. Sin embargo, esta vez había algo más.

Muchos años después de aquel estrambótico especial de acción de gracias  y del spin off animado de los ewoks cuya sintonía tendrás pegada durante semanas, Star Wars volvía a televisión, y esta vez lo hacía a lo grande. El 7 de noviembre de 2003, Cartoon Network estrenaba el primer episodio de Clone Wars.





Con un pequeño parón de 2 meses entre medias, CN emitió de forma diaria de noviembre a abril de 2004 estos 20 cortos de apenas 3 minutos con el característico estilo de Genddy Tartakovsky (juntados en 2005 en DVD como un largometraje) en que se nos narra una de las primeras batallas del conflicto en el planeta Muunilist, donde se han hecho fuertes los droides dirigidos por el banquero separatista San Hill. Pese a la oposición del consejo jedi, el canciller Palpatine ordena que un Anakin aún padawan dirija el ataque aéreo, mientras que Kenobi luchará en tierra junto a los clones.

Aunque la trama es demasiado rápida (algo inevitable dado el espacio disponible) echándose de menos el profundo desarrollo de personajes que tendríamos años después en la segunda serie, la animación, pese a su aparente sencillez, tiene mucha calidad y la acción es tan buena como la de cualquier película.

Aunque el grueso de los episodios está protagonizado por Anakin y Obi Wan, tenemos tramas episódicas con Yoda, Mace Windu o Kit Fisto entre otros. Todo ello, con el detalle añadido en el doblaje castellano de contar con buena parte del reparto de voz de las películas.






Aunque al principio los clones tienen todas las de ganar contra los droides del consejo separatista, la situación cambia con la aparición de 2 nuevos villanos. Por un lado, Kenobi debe hacer frente a Durge, cazarrecompensas de más de 2000 años con gran enemistad hacia los mandalorianos y los jedi cuya armadura esconde un cuerpo capaz de regenerarse cuantas veces lo necesite. Mientras, en el espacio, varias naves republicanas son destruidas por una misteriosa piloto: Asajj Ventress, bruja de Dathomir y antigua padawan convertida en la asesina de Dooku.

Mientras Durge huye después de que Obi Wan le intente destruir desde dentro de su cuerpo poniendo fin a la batalla de Muunilist, empieza una dura lucha de espadas láser entre Anakin y Ventress entre las ruinas de uno de los templos de uno de los planetas más emblemáticos de la franquicia, Yavin IV, que Skywalker solo consigue ganar usando su lado oscuro. 

Asajj conseguiría sobrevivir, convirtiéndose Durge y ella en personajes muy recurrentes del universo expandido, si bien el primero quedó incomprensiblemente fuera del canon en la serie de 2008, donde Dave Filoni optó por crear a otro no menos carismático cazarrecompensas, Cad Bane, que ya entonces tenía ciertas reminiscencias del género western, lo que parece ser el futuro de Star Wars. 

Volviendo a lo que nos ocupa, el episodio final de la primera temporada (que al contrario que los anteriores, duraba unos 8 minutos) acababa con un cliffhanger: los maestros Ki-Adi-Mundi y Shaak Ti (entre otros jedi) se ven acorralados por un nuevo droide mucho más inteligente y poderoso. 

Por primera vez conocíamos al que habría de ser uno de los antagonistas principales del Episodio III: el general Griveous, antiguo señor de la guerra del planeta Kalee convertido en cyborg al que Dooku ha entrenado en las artes sith, siendo capaz de usar hasta 4 espadas a la vez tanto en los brazos como en los pies y coleccionando como trofeos las de sus víctimas.






La segunda temporada (o tercera, de acuerdo a como fueron emitidas) se estrenaría en marzo de 2005, y esta vez contó con tan solo 5 episodios, pero pasando a durar unos 15 minutos. Tras ser Anakin nombrado caballero antes de tiempo debido al reducido número de jedi disponibles, la acción salta hacia los momentos finales de la guerra 3 años después. 

Obi Wan y Skywalker están en un lejano planeta del borde exterior donde buena parte de los habitantes de una aldea han desaparecido misteriosamente. Durante la búsqueda, Anakin experimenta un misterioso viaje espiritual, con pesadillas en las que se le aparece un monstruo. El monstruo en el que parece estar destinado a transformarse. 

Una vez que recupera la consciencia, descubre un laboratorio donde los droides están convirtiendo a los nativos de la aldea en armas. Anakin, a costa del brazo robótico que sustituye al que perdió en Geonosis, consigue salvarles.






Mientras tanto, Coruscant (el planeta donde se encuentran el senado y el templo jedi) es atacado por un gigantesco batallón de naves separatistas. Aunque al principio esta invasión parece estar siendo sofocada, rápidamente queda claro que la batalla es un señuelo: Dooku ha ordenado a Grievous (que, desvelando así otro secreto, resulta tener en realidad 4 brazos) el secuestro del mismísimo Palpatine. Ni siquiera los poderosos Yoda, Shaak Ti y Mace Windu son capaces de hacerle frente, y el droide huye con su importante rehén.

El episodio termina con Anakin y Obi Wan saliendo a su rescate, y es aquí cuando queda claro, por si quedaba alguna duda, qué es lo que habíamos estado viendo: por primera vez habíamos sido testigos de lo que se nos narraría a través de un texto amarillo descendiendo en la pantalla en la introducción de la que hasta 2015 sería la película final de Star Wars: La venganza de los sith.






Para buena parte del fandom, esta Clone Wars es mejor serie que su sucesora. Aunque yo no lo tenga tan claro, sin duda fue un producto de lo más digno para la época que supo mantener vivo el "hype" tras 2 películas tan duramente criticadas, y ya que no pudimos ver esta parte de la historia en la por otra parte estupenda T7, y que las estupendas ediciones en DVD que en su día lanzó Fox son hoy en día imposibles de encontrar, ojalá algún día Disney la devuelva al canon.

viernes, 29 de mayo de 2020

Clone Wars: un final satisfactorio (SPOILERS)






Año 2008. La Selección Española gana la Eurocopa y Lewis Hamilton inaugura su extraordinario palmarés en la Fórmula 1 mientras que las salas de cine viven un gran momento en cuanto a estrenos. 

Iron Man y Hulk habían dado el pistoletazo de salida al universo cinematográfico de Marvel, si bien era la Distinguida Competencia la que reinaría ese verano con la extraordinaria El caballero oscuro. Por su parte Disney (que aún no poseía la primera) arrasaba con el entrañable robot Wall-E y el arqueólogo Indiana Jones regresaba 20 años después con la controvertida El reino de la calavera de cristal. 

En toda esa vorágine muy pocos prestaron apenas atención a la séptima película de la otra saga de George Lucas, Star Wars: The clone wars, que esta vez contaba con una pecularidad: por primera vez no era un live action sino animación 3D. A partir de aquí empiezan los SPOILERS, así que si no queréis enteraros de nada, es mejor dejar de leer, y mientras podéis ver este divertido sketch ruso.




Aunque el trailer tenga temas de John Williams, no esperéis oír ninguno en la película. Emosido engañado



Tras una larga batalla entre el ejército clon de la república y los droides separatistas, Anakin Skywalker es enviado a Tatooine a rescatar a Rotta, el hijo de Jabba el Hutt, en manos del conde Dooku, que pretende hacerse con el acceso a las rutas del clan mafioso.

Aunque no era del todo mala (la pelea entre Anakin y un Dooku de nuevo doblado como en la trilogía de precuelas por Christopher Lee es muy emocionante, y se da un cierto desarrollo a la legión 501 del Capitán Rex) las críticas fueron muy negativas por personajes como el "huttito" (sí, así le llaman) o Ziro (tío de Jabba que al contrario que él sabe inglés) y en especial por una nueva incorporación a las filas de los jedi.

Y es que a Anakin, que apenas acaba de completar su entrenamiento, se le asigna por primera vez una aprendiz padawan, la joven togruta Ahsoka Tano, que es presentada aquí como un personaje muy infantil y repelente a la que le gusta usar apodos como "Skyguay" o "r2ito". De esta forma, fue junto con Solo el mayor fiasco en taquilla de la franquicia Star Wars, con una recaudación de menos de 70 millones.






Lo que yo al menos desconocía en aquel momento (y no lo supe hasta que Antena 3 emitió los 3 ó 4 primeros episodios en prime time como si fuese un largometraje) es que aquel era el episodio piloto de la segunda serie de Cartoon Network tras la hoy injustamente olvidada primera producción en animación tradicional de Genndy Tartakovsky. Aunque al principio inevitablemente el tono de la película seguía ahí, poco a poco TCW fue evolucionando. 

La caída de Anakin al lado oscuro iba siendo más progresiva y acertada que en las películas, destacando especialmente, como ya comenté en otro artículo, el arco de 3 episodios de la tercera temporada "La ciudadela", donde varios oficiales son liberados de una prisión separatista entre los que se encuentra el futuro gran moff imperial Wilhuff Tarkin, con quien desarrolla una relación de amistad y respeto pese a sus ideas contrarias a la orden jedi que de hecho ya entonces comparte en cierto modo Skywalker. A su vez, Ahsoka iba siendo cada vez más madura convirtiéndose en una gran jedi.

Por otro lado, se iba ampliando el lore de la saga con personajes que desconocíamos los que no estábamos familiarizados con el "universo expandido", como el sindicato criminal Sol negro o las Hermanas de la noche, secta de Dathomir dedicada a la magia negra a quien resulta pertener Asajj Ventress, asesina personal de Dooku.

Lo más impactante fue cuando, de nuevo en la T3, estas brujas le devolvían su cuerpo mutilado a Maul, el antiguo aprendiz del lord sith Darth Sidious. Un personaje que apenas tenía diálogos en La amenaza fantasma se convertiría en quizá el villano más interesante, usando a cualquier bando para su único interés, el caos.






Y, cuando mejor estaba la cosa, de pronto llegó la absorción de Lucasfilm por parte de Disney, que supuso el abrupto final de la serie en una corta T6 en que Rex empieza a ser consciente de la maligna orden 66 a la vez que Yoda asume la inevitable caída de la orden jedi. 

Aunque las 4 temporadas de Star Wars Rebels (transcurrida entre La venganza de los sith y Una nueva esperanza) fueron una dignísima alternativa (permitiéndonos ver una batalla entre Tano y su antiguo maestro ya convertido en Darth Vader) había demasiadas dudas en el aire. ¿Como sobrevivió la ex-padawan? ¿Como pudo Rex rebelarse contra la única razón de ser de los clones? Y por fin, Disney+ nos dio la respuesta con una temporada final. ¿Ha estado a la altura?

La cosa empezó bien con los asedios del borde exterior de los que tanto habíamos oído hablar a lo largo de los años. En esta batalla (que supone la caída definitiva de uno de los antagonistas recurrentes de la serie, el almirante Trench) se nos presenta a la "remesa mala" de clones, un batallón defectuoso pero activo que pese a tener todo cliché del cine bélico (o quizá precisamente por ello) resultan bastante carismáticos.







Por encima de todo, esta ha sido sin duda la temporada de Ahsoka, cuya trama de 8 episodios (la más larga de la serie) empieza cuando se nos muestra intentando ganarse la vida en los bajos fondos de Coruscant tras haber abandonado años atrás a los jedi al final de la T5, conociendo a 2 hermanas que han caído en la delincuencia tras perder a su familia en una batalla por las calles de la ciudad, de lo que culpan a los jedi. 

La opinión de una de ellas de lo que estos deberían ser (y no en lo que las guerras clon les ha convertido, si es que realmente no fueron siempre así) es lo que anima a Tano a acompañar a la mandaloriana Bo-Katan a rescatar su planeta de la tiranía de Maul, enviando Anakin a parte de la 501 (Rex entre ellos) para que le ayuden. 

Todo esto ocurre a la vez que los hechos de La venganza de los sith, lo que le da una especial tensión y emotividad a la historia, así como una sensible mejora de la animación, con Ray Park retomando el personaje de Maul para la captura de movimientos de la pelea de espadas láser. Una breve aparición final de Vader cierra (esta vez definitivamente) TCW tras 7 temporadas.





Clone Wars ha sido una serie que (sobre todo a partir de la tercera temporada) se convirtió en mi producto preferido de Star Wars junto con El imperio contraataca.  Después de que la T6 se quedara a medio camino de lo que pudo haber sido, este ha sido el mejor y más coherente final que se le podía dar. 

Y lo más importante, la consolidación definitiva dentro de la franquicia de un cada vez mejor personaje que aún puede dar mucho de sí en el futuro.

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