viernes, 26 de junio de 2020

El ministerio del tiempo: ¿final definitivo? (SPOILERS)





Aunque en España acostumbremos a hacer memes sobre la longevidad de la familia Alcántara en Cuéntame como pasó, lo cierto es que Los Simpson no es la única serie extranjera que le supera en años de emisión.

Quizá la más destacada de todas ellas es Doctor Who, que empezó a emitirse en la británica BBC en 1963. Aunque las aventuras del señor del tiempo conocido como "el doctor" a bordo de la nave TARDIS nunca han sido demasiado populares en nuestro país, esta producción generó un gran seguimiento de culto tanto en su país de origen como en EEUU hasta que finalmente se retomó en 2005 tras ser cancelada en 1989.






Cuando en 2014 se anunció que TVE emitiría su propia serie de viajes en el tiempo, reconozco que era muy escéptico al respecto.

Todavía en ese año nuestras cadenas de televisión seguían ancladas en un modelo que había grabado a fuego Médico de familia: el de las "dramedias" de 70 minutos que debían tener tramas que abarcaran a todo tipo de públicos, desde el infantil a los mayores. Un fenómeno, el de "la señora de Cuenca" que explicó a la perfección uno de los propios guionistas de la exitosa serie de Globomedia, Manuel Ríos San Martín.

Aún coleaba el fracaso de La fuga, serie muy adelantada a su tiempo que a su vez había sufrido recortes presupuestarios que obligaron a descartar su ambicioso planteamiento original en una prisión galáctica.







Aunque seguía sin estar del todo convencido, este trailer me hizo que le concediese una oportunidad, sobre todo por el hecho de salir una de mis actrices preferidas, Aura Garrido, quien interpreta a Amelia Folch, estudiante universitaria pionera de su tiempo (finales del siglo XIX) de gran inteligencia. Ella sería quien lideraría el grupo que, junto al enfermero contemporaneo Julián Martínez (Rodolfo Sancho) y el soldado de los tercios Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) trataría de conservar la historia de España con sus luces y sombras.

El piloto, "El tiempo es el que es", ambientado en la guerra de la independencia, sigue siendo posiblemente mi preferido de todos los que ha tenido la ficción española. Tras una breve presentación de los protagonistas, se establece rápidamente el tono de la serie, una especie de Liga de los hombres extraordinarios patria donde personajes históricos como el pintor Diego Velázquez (Julián Villagrán) colaboran en la misión secreta de este ministerio dirigido por Salvador Martí (Jaime Blanch) quien considera que "ni la educación, ni la sanidad ni los viajes en el tiempo deben dejar de ser públicos". 

Uno de los principales aciertos de MdT desde el principio ha sido el de no estancarse en un único género (lo que podría haberle convertido en otro de tantos procedimentales) moviéndose en diferentes estilos según lo exigiera la trama. 

Así, podíamos ver el asalto del agente renegado Leiva (José Antonio Lobato) como un thriller usando el sistema de doble pantalla de 24, intentar plantar cara a la inquisición en un homenaje medieval a Atrapado en el tiempo, o capítulos de tinte más cómico como aquel en que se nos narraba la poco conocida estancia de Napoleón (Fernando Cayo) en un convento de Tordesillas la Navidad de 1808.






Aunque las tramas son autoconclusivas, siempre ha habido un cierto hilo común entre las temporadas. En las 2 primeras temporadas teníamos como antagonista recurrente a Natalia Millán, quien interpreta a Lola Mendieta, republicana exiliada que, tras trabajar para el ministerio, se convierte en ladrona de arte y empieza a trabajar para Darrow, empresa estadounidense que quiere lucrarse con el viaje en el tiempo.

Tras la rebelión de Lola (a la que la máquina nuclear de Darrow le provoca una enfermedad terminal) la tercera temporada fue toda una analogía de las 2 Españas: el "libro de las puertas" que había robado Lola cae en las manos de sendas sociedades secretas infiltradas dentro del ministerio, el "Ángel exterminador", que pretende volver a los tiempos del absolutismo, y "los hijos de Padilla" grupo de comuneros que resulta estar liderado por el tío de Amelia. Un astuto plan de Salvador consigue atrapar a ambos grupos.

Inevitablemente, con el tiempo hubo bajas y relevos. Rodolfo Sancho empezó a salir más esporádicamente en la T2 para marcharse definitivamente en la 3, siendo sustituido por "Pacino" (Hugo Silva) cinéfilo policía de los años 80, que aunque generaba dudas entre el fandom, acabó siendo el personaje más popular. 

También la tercera temporada supuso la despedida de Aura Garrido, entrando en su lugar Macarena García como una más joven Lola que es rescatada de los nazis por Ernesto (Juan Gea) la estricta mano derecha de Salvador del que muy poca gente conoce su pasado: es el padre del mismísimo Torquemada.





Todo apuntaba a que el 3x13 (donde Alonso deja el ministerio para formar una familia) sería el algo abrupto final de la serie debido a una caída en audiencia. Pero el público de MdT no es ya el tradicional de la ficción española: son las nuevas generaciones, las que ya llevaban tiempo siguiendo series americanas por internet, ya sea en plataformas de streaming o de forma, ejem, "alegal". 

El ente público, siendo consciente de esto al ser lo más visto de su web "a la carta" finalmente dio luz verde tras más de 2 años fuera de emisión a una cuarta temporada que anoche ponía fin tras 8 episodios. ¿Ha estado a la altura? (SPOILERS del final a partir de aquí)

Como es lógico, los antiguos decorados del ministerio ya no existían. El palacio de la Duquesa de Sueca es sustituido por un antiguo edificio de Radio Nacional de España que, aún con cierto encanto retro, hace echar de menos el claustro y sus interminables escaleras. 

En cuanto a los protagonistas, Amelia solo sale en un episodio que supone el final de su personaje, y otros personajes aparecen de forma interminente, quedando Salvador, Ernesto, Irene (Cayetana Guillen Cuervo) y Alonso como los únicos fijos. Sobre todo se echa de menos conocer más a la nueva agente Carolina Bravo (Manuela Vellés) antigua concursante del Un dos tres que, intentando huir del maltrato de su marido, acaba en la corte de Felipe IV.

Pero más allá de eso, esta serie no ha perdido un ápice de su encanto, mostrando de nuevo historias poco conocidas como la del ingeniero Emilio Herrera (Vicente Romero) o la de cierta peculiaridad física de Fernando VII (Juanjo Cucalón, que además hace una interpretación autoparódica de sí mismo que recuerda a la estupenda Qué fue de Jorge Sanz) .





Pero sobre todo, esta ha sido la temporada que ha cerrado un círculo. Tras una misión en la guerra civil, Lola era secuestrada por un antiguo enemigo del ministerio muy relacionado con su pasado (o quizá habría que decir "futuro")  que pilota el Anacronópete de la novela homónima pionera del género escrita por Enrique Gaspar y Rimbau en 1887.

Esta nave es el motivo de que solo haya puertas al pasado, ya que es el medio de transporte del ministerio en 2070, una distopía donde una élite usa los viajes en el tiempo para su interés mientras el resto de la población pasa enormes penalidades.

Cuando una Lola envejecida por culpa del Anacronópete (interpretada ahora por Fiorella Faltoyano) le muestra esto a Julián (puesto que su nieta será quien salve al país y es perseguida por ello) el lado oscuro que siempre ha tenido Salvador termina por estallar ordenando a los agentes el secuestro del tatarabuelo del siniestro subsecretario del futuro ministerio Juan Salcedo (Daniel Pérez Prada) cuando solo es un bebé en una escena que homenajea a Los intocables de Elliot Ness.

Aunque finalmente la policía Carmen Ayala (Marta Milans, actriz madrileña afincada en EEUU) consigue disuadirle de cometer tan cruel asesinato (quedando el niño a cargo de Carolina) esto le hace renunciar a su cargo, nombrando a Ernesto en su lugar y despidiéndose de todos en unas cartas muy emotivas. El reencuentro de un Pacino ya anciano con Lola pone fin a la temporada, ¿y a la serie?





De ser así, sin duda estoy satisfecho (pese a algún cabo suelto) de como este episodio ha sabido cerrar el arco de todos estos carismáticos personajes. De seguir, sería interesante ver a Ayala como nueva protagonista, o quizá un spin off protagonizado por Irene, quien pasa a dirigir un departamento de mujeres olvidadas de la historia dentro del ministerio, algo que sería muy interesante y divulgativo en los tiempos que corren. 

Sea como sea, en Joróbate Flanders estaremos para comentarlo.

viernes, 19 de junio de 2020

Los periféricos más insólitos (3)

Vuelve otra de las secciones clásicas de Joróbate Flanders, el repaso a algunos de los periféricos más llamativos que hemos visto en consolas (artículos anteriores aquí y aquí) .


Kinect (Xbox360/Xbox One)




Con Playstation 2 convertida en el sistema más vendido de la historia, no había motivos para pensar que la séptima generación no fuese otro paseo de Sony. Sí, Microsoft llevaba un año de ventaja con Xbox360, pero antes o después bajaría el elevado precio de lanzamiento (600€) de PS3 y llegarían los juegos más esperados como Metal Gear Solid 4.

Finalmente PS3 superó las ventas de su rival directo por un margen muy escaso... y sin embargo no fue la ganadora. Nadie (quizá ni la propia Nintendo) esperaba el gran auge de Wii y sus sencillos juegos sociales. Y de hecho, tanto Sony como Microsoft habían rechazado la revolucionaria tecnología de control de movimientos del Wiimote. Los intentos de imitar este éxito no se harían esperar.







Este vídeo fue la gran sensación del E3 de 2009. Una verdadera experiencia de juego sin mandos, solo con movimientos y voz. El viejo sueño de la realidad virtual más cerca que nunca. Un año después, el "Project Natal" vería la luz con el nombre de Kinect, con una intensa campaña publicitaria.

Con una buena crítica inicial, pronto llegó la decepción. Uno de los juegos más esperados (Ryse) resultó no ser compatible como se dio a entender, y los que sí salieron como Kinect Star Wars estaban muy por debajo de las expectativas, convirtiéndose en una mera herramienta para el mismo tipo de juegos que estábamos acostumbrados en Wii, como la saga Just Dance de Ubisoft.





Pese a todo, en Microsoft no estaban dispuestos a renunciar a su gran invento cometiendo posiblemente el mayor error de la historia de su división de videojuegos: la inclusión obligatoria en Xbox One, algo que, unido a la también controvertida decisión (afortunadamente descartada antes del lanzamiento) de la necesidad de tener conexión permanente a internet, daba a la máquina una impresión un tanto inquietante.

Apenas pasaron 6 meses para que saliera un nuevo modelo sin Kinect, pero los 100 euros de más durante ese periodo fueron una losa ya insalvable contra PS4. En 2016 (3 años después de la original) llegó al mercado la ambiciosa revisión Xbox One S, y lo hizo sin puerto para conectarlo, confirmándose un año más tarde el abandono de su fabricación. A pesar de todo, como siempre ocurre, la scene no ha dejado morir el periférico, siendo por ejemplo demandado por la scene del virtual pinball, usándolo para dotar a las creaciones de un efecto 3D.






Tarde o temprano tendremos uno

Tuner TV (Game Gear)




Aunque hoy algunos se empeñen en recordarla únicamente por la duración de sus pilas, lo cierto es que la Game Gear de SEGA era todo un lujo de portátil para su época.

Con pantalla de color retroiluminada (frente a la Game Boy original, que se veía en un gris verdoso que costaba ver cuando había poca luz) aquello era casi una Master System que poder llevar a cualquier lado, como demuestran títulos tan estupendos como Sonic Chaos.  Además de ports como ese o Dynamite Headdy, también existía un periférico llamado Master Gear converter, que reforzaba esta percepción sobre la consola al ser compatible con un buen número de cartuchos de MS, dándole un catálogo de lo más amplio y digno.






Se hicieron campañas muy agresivas (a veces con pantallazos de MD, todo hay que decirlo) haciendo ver esta diferencia tecnológica, entre los que encontramos este curioso anuncio protagonizado por un joven Ethan Suplee, el entrañable Randy Hickey de Me llamo Earl.







Pero lo que más me fascinaba cuando de pequeño veía una y otra vez este VHS promocional de 1994 era la breve mención que hacían al TV Tuner. Esto consistía en un aparato con antena que se introducía en la ranura de los cartuchos, convirtiéndose en nada menos que un televisor portátil por unas 11.000 pesetas, lo que podía costar un juego medio para SNES en aquella época.

Hoy en día la irrupción de la TDT y el consecuente apagón analógico hace imposible sintonizar canales, pero su salida de vídeo permite que se pueda usar la Game Gear como monitor para otras consolas. Una interesante rareza para coleccionistas de SEGA.





Xbox controller "the duke" (Xbox)





Como ya hemos visto al principio del artículo con el tema del Kinect en Xbox One, la política de Microsoft con sus consolas es la de "burro grande, ande o no ande". Así, su primera consola lanzada en 2001 era un auténtico "ladrillo", mucho más voluminosa que una PS2, no digamos ya la GameCube de Nintendo. El mando (con un parecido, casual o no, al de la consola final de SEGA, Dreamcast) no le iba a la zaga en ese sentido, siendo popularmente conocido como "the duke".

La polémica llegó en la segunda edición de ese año (como ya explicamos en anteriores artículos de Joróbate Flanders, hasta 2002 era un evento semestral) del Tokio Game Show. En dicho evento, el mismísimo Bill Gates no mostró este mando, sino un microchip de control mental uno de un tamaño sensiblemente inferior y una diferente disposición de botones, el Xbox controller S. ¿El motivo? Según el filántropo, los japoneses tenían las manos más pequeñas.







Este desafortunado comentario fue posiblemente el fin de la generación para Microsoft en un país donde realmente nunca tuvo opciones con una PS2 que ahí ya llevaba 2 años en el mercado, pero acabó siendo un inesperado acierto en Occidente, ya que en 2003 se abandonó la producción del primer mando haciendo que el Controller S pasara a ser el estándar a nivel mundial, puesto que comprobaron que era mucho más práctico para jugar.

Pese a todo, "the duke" parece tener su pequeña cuota de nostálgicos, y recientemente Hyperkin lanzó una réplica compatible con Xbox One y juegos de PC. Aunque no es precisamente barato (89€) y hoy en día resulta mucho más cómodo el mando oficial de la máquina, esta resulta una buena muestra de como el paso del tiempo ha reivindicado a una gran consola que fue incomprendida en su día.





Como siempre, podéis sugerir otros periféricos en los comentarios.

viernes, 12 de junio de 2020

Revisitando Los Simpson: primera temporada





Durante muchos años, TVE2 ("el UHF", como lo conocían los viejos del lugar) , aunque siempre fue ante todo una cadena cultural, también era un espacio donde tenían cabida programas que testear de cara a un futuro estreno en la primera cadena (puesto que hasta los 80 no tuvo señal en todo el país) retransmisiones deportivas... incluso durante gran parte de los 80 y 90 el festival de Eurovisión se emitió allí ante el desencanto que supuso para la España de la transición el "rosco" de Remedios Amaya en 1983.









Con la llegada en 1990 de las cadenas privadas, empezó una intensa campaña de relanzamiento del canal, que pasó a ser conocido como "la 2". Uno de los programas que se estrenaron en ese periodo fue Estress, presentado por las actrices Bibiana Fernández, Loles León y Rossy de Palma los miércoles a las 22:00. 

Aunque pasó sin pena ni gloria durando solo una temporada, hubo algo que destacaría sobre el resto, ya que hacía el final del programa, a las 23:00, se introducía una serie animada que tenía la particularidad de estar dirigida a un público adulto, algo que incluso hoy parece costar asimilar siendo que, en mi última salida a Madrid antes de la pandemia, encontré Rick y Morty en la sección de los clásicos Disney de un centro comercial.

El 23 de enero de 1991 (tras un preestreno días antes en el prime de TVE1) 13 meses después de estrenarse en EEUU (donde eran todo un fenómeno social) Los Simpson llegaban a nuestra televisión para quedarse.






Algo que desconocíamos entonces es que el que durante mucho tiempo vimos en España como el primer episodio era el realidad el último de la temporada, si bien no iban del todo desencaminados. Me explico:

Como ya vimos en la reseña del "especial 138", Matt Groening originalmente creó a la familia de Springfield como unos cortos de animación muy tosca para The Tracey Ullman Show". Aparentemente ya entonces fueron populares en EEUU (los primeros anuncios de las barritas Butterfinger datan de 1988, y Milhouse Van Houten fue por cierto creado para uno de ellos) y en 1989 Fox aprobaba convertirlo en serie.

De esta forma, "La babysitter ataca de nuevo" fue el episodio piloto, pero problemas de producción que casi dan al traste con el proyecto fueron retrasando su estreno, que finalmente se hizo en diciembre con "Sin blanca Navidad".

Esto se evidencia en una animación extraña (hasta para ser de esta temporada) , diseños de personajes distintos a los que conocemos (no, el de Waylon Smithers negro no fue el único caso) y que Lisa, como en los cortos, sea una mera cómplice de las gamberradas de Bart.

Poco a poco irían puliéndose las personalidades de los personajes, siendo "El blues de la mona Lisa" (cameo de Ron Taylor como Murphy "Encías Sangrantes") el episodio donde por vez primera conocemos las frustraciones de la hija mediana de Homer y Marge al ser alguien tan inteligente en el peor entorno para ello, y su gran afición por el jazz.






Aunque también encontramos episodios protagonizados por Homer (destacando "La odisea de Homer", donde sufre el primero de sus numerosos despidos de la central nuclear de Montgomery Burns, y "Homer se va de juerga" donde una comprometida foto suya se hace viral) en esta primera temporada el personaje más popular era sin duda Bart (algo que la propia serie parodiaría años después) .

A lo largo de la temporada vemos a Bart copiar en un examen haciendo que todos crean que es superdotado, crear graves problemas económicos a la familia por culpa de un tatuaje (el ya mencionado especial navideño), un dramático viaje de intercambio a Francia o cortar la cabeza de la estatua del fundador del pueblo. Sin olvidar el episodio que me hizo en su día engancharme a la serie: "Bart el general", donde con la ayuda de Herman (un loco vendedor de armas amigo de su abuelo Abe Simpson, que apenas sí aparece en estos 13 episodios) declara literalmente la guerra al matón del colegio Nelson Muntz.

Además, a menudo la trama de los episodios (fuesen o no protagonizados por él) quedaban  interrumpidas por las bromas telefónicas al amargado tabernero Moe Syslack (junto a Bart y Lisa, el único que ha mantenido su voz ininterrumpidamente en España, la de Juan Perucho) que irían poco a poco reduciéndose hasta desaparecer (con homenajes puntuales) en la T4.






La que podríamos considerar de facto la season finale (al menos en cuanto a producción se refiere) "Krusty entra en chirona" (dirigido por el mismísimo Brad Bird) marcaría un punto de inflexión en la historia de Los Simpson. 

Por primera vez Kelsey Grammer (en ese momento muy popular por su papel de Frasier Crane en Cheers) hacía un cameo como el actor secundario Bob (o "Sideshow Bob", como se le llama tal cual en el doblaje español de esta T1, quizá creyendo que aquel era su nombre de pila) atracando el badulaque con Homer como testigo para incriminar así a su jefe Krusty el payaso. 




De esta forma, Bob consigue llevar a cabo su sueño de hacer un programa infantil intelectual de calidad (manteniendo no obstante la violenta serie Rasca y Pica) para entusiasmo de Lisa. Bart es el único que cree en la inocencia de su ídolo, y con ayuda de su hermana consigue descubrir la verdad gracias a varias pistas clave repartidas como el marcapasos de Krusty, su analfabetismo, o que Bob tenga de verdad unos pies gigantes de payaso. Siendo posiblemente el mejor episodio de la temporada, el actor secundario se convertiría en adelante en un villano recurrente.

Esta primera temporada posiblemente está lejos de estar en el top5, y no ayuda el hecho de que en nuestro doblaje la mayoría de voces no sean las que todos conocemos (e inclusive el desaparecido Carlos Revilla daba a Homer un tono más serio que recuerda al de Tom Hagen en El Padrino) . La animación y el color no son demasiado buenas. Pero aún así no hay que olvidar que sin ella no tendríamos todo lo que vendría después, y verla hoy día tiene un cierto encanto.

Próximamente en Joróbate Flanders, la segunda temporada.

viernes, 5 de junio de 2020

Clone Wars: la otra gran serie de Star Wars






En 2002 había gran expectación en las salas de cine ante el estreno de Shaolin Soccer   Star Wars: el ataque de los clones, la segunda parte de la trilogía de precuelas, con la esperanza de que George Lucas hubiera aprendido de los errores de La amenaza fantasma. Además, en su día la segunda de la primera trilogía había sido la mejor película, ¿no?

Pues no. Aunque se había reducido sensiblemente la presencia de Jar Jar Binks (dándole tiempo a convertirse en el verdadero villano de la saga) la cosa seguía sin funcionar. 

Si bien la batalla en Geonosis resultaba todo un espectáculo visual, hasta entonces habíamos tenido que ver casi 2 horas de aburrido metraje centrado más en la relación amorosa de Anakin Skywalker y Padme Amidala (Natalie Portman) que en la persecución del ya maestro jedi Obi Wan Kenobi (Ewan McGregor) a Jango Fett (Temuera Morrison) "padre" de Boba y fuente del ejército clon que supuestamente había encargado el fallecido jedi Syfo Dyas para la República Galáctica.

Tampoco gustaban algunas actuaciones (en especial la de Hayden Christensen como Skywalker) y, una vez más, el exceso de trama política.

Pero esto último no estaba exento de alicientes. Un jedi renegado, el conde Dooku (interpretado por el veterano Christopher Lee, que en aquellos tiempos volvía a estar en auge por su papel de Saruman en otra popular franquicia, la de El señor de los anillos) se convierte en la cabeza visible de una confederación de planetas que se separa de la República como parte de un plan de su nuevo maestro, Darth Sidious (Ian McDiarmid). Por fin íbamos a conocer el gran conflicto galáctico que apenas conocíamos de vagas menciones a lo largo de la trilogía original.



Y por alguna razón, la BSO parece la de Juego de tronos



Durante los 3 años que pasaron entre una película y otra, se sucedieron los comics, novelas y hasta un olvidado videojuego multiplataforma de Pandemic sobre las Guerras Clon. Sin embargo, esta vez había algo más.

Muchos años después de aquel estrambótico especial de acción de gracias  y del spin off animado de los ewoks cuya sintonía tendrás pegada durante semanas, Star Wars volvía a televisión, y esta vez lo hacía a lo grande. El 7 de noviembre de 2003, Cartoon Network estrenaba el primer episodio de Clone Wars.





Con un pequeño parón de 2 meses entre medias, CN emitió de forma diaria de noviembre a abril de 2004 estos 20 cortos de apenas 3 minutos con el característico estilo de Genddy Tartakovsky (juntados en 2005 en DVD como un largometraje) en que se nos narra una de las primeras batallas del conflicto en el planeta Muunilist, donde se han hecho fuertes los droides dirigidos por el banquero separatista San Hill. Pese a la oposición del consejo jedi, el canciller Palpatine ordena que un Anakin aún padawan dirija el ataque aéreo, mientras que Kenobi luchará en tierra junto a los clones.

Aunque la trama es demasiado rápida (algo inevitable dado el espacio disponible) echándose de menos el profundo desarrollo de personajes que tendríamos años después en la segunda serie, la animación, pese a su aparente sencillez, tiene mucha calidad y la acción es tan buena como la de cualquier película.

Aunque el grueso de los episodios está protagonizado por Anakin y Obi Wan, tenemos tramas episódicas con Yoda, Mace Windu o Kit Fisto entre otros. Todo ello, con el detalle añadido en el doblaje castellano de contar con buena parte del reparto de voz de las películas.






Aunque al principio los clones tienen todas las de ganar contra los droides del consejo separatista, la situación cambia con la aparición de 2 nuevos villanos. Por un lado, Kenobi debe hacer frente a Durge, cazarrecompensas de más de 2000 años con gran enemistad hacia los mandalorianos y los jedi cuya armadura esconde un cuerpo capaz de regenerarse cuantas veces lo necesite. Mientras, en el espacio, varias naves republicanas son destruidas por una misteriosa piloto: Asajj Ventress, bruja de Dathomir y antigua padawan convertida en la asesina de Dooku.

Mientras Durge huye después de que Obi Wan le intente destruir desde dentro de su cuerpo poniendo fin a la batalla de Muunilist, empieza una dura lucha de espadas láser entre Anakin y Ventress entre las ruinas de uno de los templos de uno de los planetas más emblemáticos de la franquicia, Yavin IV, que Skywalker solo consigue ganar usando su lado oscuro. 

Asajj conseguiría sobrevivir, convirtiéndose Durge y ella en personajes muy recurrentes del universo expandido, si bien el primero quedó incomprensiblemente fuera del canon en la serie de 2008, donde Dave Filoni optó por crear a otro no menos carismático cazarrecompensas, Cad Bane, que ya entonces tenía ciertas reminiscencias del género western, lo que parece ser el futuro de Star Wars. 

Volviendo a lo que nos ocupa, el episodio final de la primera temporada (que al contrario que los anteriores, duraba unos 8 minutos) acababa con un cliffhanger: los maestros Ki-Adi-Mundi y Shaak Ti (entre otros jedi) se ven acorralados por un nuevo droide mucho más inteligente y poderoso. 

Por primera vez conocíamos al que habría de ser uno de los antagonistas principales del Episodio III: el general Griveous, antiguo señor de la guerra del planeta Kalee convertido en cyborg al que Dooku ha entrenado en las artes sith, siendo capaz de usar hasta 4 espadas a la vez tanto en los brazos como en los pies y coleccionando como trofeos las de sus víctimas.






La segunda temporada (o tercera, de acuerdo a como fueron emitidas) se estrenaría en marzo de 2005, y esta vez contó con tan solo 5 episodios, pero pasando a durar unos 15 minutos. Tras ser Anakin nombrado caballero antes de tiempo debido al reducido número de jedi disponibles, la acción salta hacia los momentos finales de la guerra 3 años después. 

Obi Wan y Skywalker están en un lejano planeta del borde exterior donde buena parte de los habitantes de una aldea han desaparecido misteriosamente. Durante la búsqueda, Anakin experimenta un misterioso viaje espiritual, con pesadillas en las que se le aparece un monstruo. El monstruo en el que parece estar destinado a transformarse. 

Una vez que recupera la consciencia, descubre un laboratorio donde los droides están convirtiendo a los nativos de la aldea en armas. Anakin, a costa del brazo robótico que sustituye al que perdió en Geonosis, consigue salvarles.






Mientras tanto, Coruscant (el planeta donde se encuentran el senado y el templo jedi) es atacado por un gigantesco batallón de naves separatistas. Aunque al principio esta invasión parece estar siendo sofocada, rápidamente queda claro que la batalla es un señuelo: Dooku ha ordenado a Grievous (que, desvelando así otro secreto, resulta tener en realidad 4 brazos) el secuestro del mismísimo Palpatine. Ni siquiera los poderosos Yoda, Shaak Ti y Mace Windu son capaces de hacerle frente, y el droide huye con su importante rehén.

El episodio termina con Anakin y Obi Wan saliendo a su rescate, y es aquí cuando queda claro, por si quedaba alguna duda, qué es lo que habíamos estado viendo: por primera vez habíamos sido testigos de lo que se nos narraría a través de un texto amarillo descendiendo en la pantalla en la introducción de la que hasta 2015 sería la película final de Star Wars: La venganza de los sith.






Para buena parte del fandom, esta Clone Wars es mejor serie que su sucesora. Aunque yo no lo tenga tan claro, sin duda fue un producto de lo más digno para la época que supo mantener vivo el "hype" tras 2 películas tan duramente criticadas, y ya que no pudimos ver esta parte de la historia en la por otra parte estupenda T7, y que las estupendas ediciones en DVD que en su día lanzó Fox son hoy en día imposibles de encontrar, ojalá algún día Disney la devuelva al canon.

Revisitando sagas olvidadas (I): Paperboy

Empezamos nueva sección en Joróbate Flanders, en la que vamos a revisar sagas que han ido quedando en el olvido, o no tanto, como veremos ...