viernes, 6 de marzo de 2020

Revisitando Los Simpson. El último resplandor del actor secundario Bob

"Sé que es irónico salir por televisión para censurarla, así que, ¡ahórrense el comentario!"




Una vez más analizamos en Joróbate Flanders un capítulo clásico de Los Simpson. Y de nuevo tenemos (y ya era la tercera temporada consecutiva) a Kelsey Grammer como el actor secundario Bob. En artículos anteriores recordamos como amañó unas elecciones  y como el desenmascarar a su supuestamente respetable hermano no le sirvió de nada. Pero, ¿qué hizo entre medias en la extraordinaria T7?






Siendo Bob Terwilliger alguien de tan profunda inteligencia, se había visto arrastrado de forma accidental a un programa infantil que era pura basura. El programa de Krusty el payaso. Esto le llevó (aprovechando sus problemas con el juego) a incriminarle en un atraco al Badulaque para quedarse con su programa (que para gusto de Lisa Simpson, aunque mantenía los violentos dibujos de Rasca y Pica, se convirtió en un espacio cultural bastante digno) hasta que Bart se fijó en que, al contrario que su ídolo, Bob sí tenía de verdad unos pies gigantescos de payaso.  Desde entonces su obsesión fue vengarse del hijo mayor de Marge y Homer, pero ¿qué pasaba con su antiguo jefe?

Por sorprendente que parezca, después de más de un lustro no se había profundizado apenas en la relación de Bob y Krusty, limitándose la cosa a un agradable reencuentro en la tercera temporada, así como ser el segundo uno de los ¿pocos? verdaderos votantes del primero por su ultraliberal política de recorte fiscal. Por fin, en la séptima temporada se cerraba el círculo con el capítulo que quizá pudimos haber visto ya en primer lugar hacía 4 temporadas.

El capítulo empieza con Bart, Lisa y Homer viendo las habituales humillaciones de Krusty a su actual compañero, el actor secundario Mel (quien curiosamente comparte voz en castellano con su predecesor, Antonio Esquivias) . 

Como no podía ser de otra forma, el inspector de la central nuclear no recuerda los anteriores crímenes de Bob (introduciendo una vez más el ya aburrido flashback de turno) y muestra su añoranza por su etapa. Esto no puede ser más irónico (y sí, no será lo único como después veremos) ya que el ver como sus compañeros de la prisión de mínima seguridad en la que ahora se encontraba se pasan el día viendo el show de Krusty aumenta cada vez más su odio al payaso y al medio televisivo en general, provocando un incidente con el CEO de Channel 6 (también encarcelado) quien resulta ser nada menos que Rupert Murdoch.

Tras todo un día de tedioso trabajo en la limpieza de una base militar donde habrá un espectáculo aéreo (la excusa para introducir a la familia Simpson en la trama), la cosa no hace sino empeorar cuando Bob oye por la noche (un compañero tiene un televisor en su celda, lo que refuerza aún más los sutiles chistes sobre lo privilegiados que son los reclusos de aquel lugar, entre los que se encuentra ahora todo un ex-alcalde de Springfield) a su admirada Vanessa Redgrave hacer de la típica abuela "moderna" de tantas y tantas sitcoms de las 90.

Y de paso el guionista Spike Feresten se permite aquí otro dardo a la cadena que lleva tantos años emitiendo Los Simpson en forma de la mítica sintonía de la Fox sonando al final.






Bob decide aprovechar otra de las maratonianas jornadas de trabajo para fugarse. Y es importante recalcar esto, ya que, si hoy la propia serie ha convertido en chiste recurrente lo mucho que lo consigue, esta era la primera vez que no salía mediante indultos o libertades condicionales, y no volvería a hacerlo hasta casualmente 7 temporadas después. 

Sea como fuere, llega el día de la exhibición aérea, donde se suceden todo tipo de divertidos gags, desde Homer confundiendo cerveza "gratis" con "sin alcohol" (otro de esos detalles intraducibles al castellano) a Milhouse Van Houten saltando por los aires en el asiento de un caza al que se había subido a jugar, mientras que el actor secundario empieza a espiar al militar al cargo de la base, el coronel Leslie "hap" Hapablap (cameo de R.Lee Ermey, el sargento Hartman de La chaqueta metálica) con tal de aprenderse sus peculiares frases (como "¡dulce enola gay!" o "le dejaré como un pañuelo de papel en una fiesta de mocos") para conseguir tener acceso a una sala restringida.






Mientras todos observan como los aviones del ejército forman la bandera americana en el cielo, aparece en la pantalla gigante Bob exigiendo la prohibición de la televisión en Springfield para indignación del mismo Homer que apenas un día antes le echaba de menos. Para ello, desvela lo que los espectadores ya sabíamos: si no se cumple su petición de inmediato, detonaría la bomba atómica que había conseguido robar de la base. Esta es evacuada de inmediato, pero Bart y Lisa quedan atrapados dentro.




En el segundo acto, sin abandonar por supuesto el humor, vemos como la reunión en un bunker (donde aparecen como representantes de las cadenas de televisión Steve Urkel o el cuarto doctor entre otros famosos personajes, y como no, Krusty) refleja una verdadera tensión más propia casi de otras futuras producciones de Fox.

Así las cosas, si en cierta ocasión le vimos huir de la ciudad ante la amenaza del coronavirus la gripe de Osaka, ahora vemos a un Joe "Diamond" Quimby inusualmente serio y responsable que muestra cara de desagrado por los desafortunados chistes del coronel Hapablap. Tras un desastroso operativo de búsqueda donde solo se consigue encontrar a un extraterrestre, un desorientado Abe Simpson que confunde un retrete portátil con un ascensor y, ejem... revistas para adultos, al corrupto alcalde no le queda más remedio que ceder a las exigencias de Bob.







Una vez más, es Lisa quien tiene la clave para salvar el día, ya que al oír a un militar hablar de la "voz aguda" del ex-payaso, se da cuenta de que su escondite no puede ser otro que el famoso zeppelin de la cerveza Duff, lo que le había dejado expuesto a helio durante horas.

Sin embargo, en esta ocasión parece llegar tarde ya que, mientras "zapea" para regodearse en su éxito, Bob ve como Krusty ha conseguido retomar su programa de forma muy precaria gracias a un equipo de emisiones de emergencia que encuentra mientras es desmantelado su plató, y decide detonar la bomba nuclear. Esta escena, de una magnífica animación, es de nuevo una referencia a una polémica campaña política, en este caso la reelección presidencial de Lyndon Johnson en 1964.




Y, no solo la bomba no funciona por ser demasiado antigua, sino que Bob vuelve a caer en una de las astutas trampas de distracción de Bart que permite a Lisa mandar un mensaje de aviso al jefe Clancy Wiggum. De inmediato hay cambio de planes: esta vez el actor secundario decide inmolarse (con Bart como rehén) contra la caseta en un desierto desde donde emite su otro archienemigo Krusty. En este tercer acto, el episodio vuelve a reconciliarse con el puro humor absurdo con una persecución de todo un ejército incapaz de atrapar a un Bob que pilota una réplica del primer avión de la historia tras estrellar un caza nada más intentar despegarlo en otra de sus eternas torpezas.






Tras un interminable vuelo, Bob llega a su objetivo, pero como es lógico solo consigue un aparatoso golpe y ser arrestado una vez más. En ese momento, llega de forma repentina el abuelo Simpson en moto imitando el vergonzoso gag de la sitcom de antes, terminando así de una forma extraña pero ingeniosa este capítulo.






Después del que analizamos de la sexta temporada, este es posiblemente mi segundo preferido de los episodios de Bob, gracias a su acertada mezcla de parodia de las películas de acción de la guerra fría y el característico humor de Los Simpson, además de que por una vez en esta "saga", Marge y Homer tienen un divertido segundo plano en sus sucesivos fallidos intentos de rescatar a sus hijos.  Próximamente, más Simpson en Joróbate Flanders.

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