viernes, 27 de septiembre de 2019

Revisitando Los Simpson: $pringfield o como aprendí a amar el juego legalizado






¿Reccordáis Eurovegas? La de ríos de tinta que corrieron sobre el tema, y hasta inspiró la menos exitosa entrega de Torrente. Finalmente el faraónico proyecto de Sheldon Adelson no salió adelante, pero si alguien levantara hoy tras un coma de 7 años, pensaría todo lo contrario. Y es que, poniendo al día aquella vieja leyenda, se podría decir que una ardilla puede hoy cruzar la Península Ibérica saltando entre casas y casas de apuestas, y la mayoría de equipos de fútbol están patrocinados (ya sea o no en la camiseta) por webs de este tipo. Llega el momento de analizar en Joróbate Flanders un episodio de Los Simpson que, además de divertir (como siempre lo hacía la mítica quinta temporada) nos instruía sobre la cara B de estos tentadores negocios:








Un flashback inicia la trama. En un cine de Springfield vemos un noticiario  según el cual, mediante peculiares industrias como la del "coche acuático", este pueblo de desconocido estado vivía en los años 50 (si bien no se especifica directamente, se hace referencia a Amos`n´ Andy, sitcom de la época) el mayor auge económico de la historia hasta el punto de construir carreteras de oro, lo que escandaliza a un joven Abraham Simpson que sale del cine con su buen amigo Jasper Beardley.

De ahí pasamos a la "actualidad" (es decir, a finales de 1993 cuando se emitió el capítulo) . El escenario y los personajes son los mismos, pero de la euforia de los años del baby boom pasamos a una Springfield en absoluta decadencia. Kent Brockman atribuye el origen de esta grave crisis al cierre de una base militar, pero también podría haber influido, como pasara con Ogdenville, la reciente estafa sufrida con el monorrail.

Por consejo de Waylon Smithers, varios empleados (entre ellos, Lenny Leonard y Carl Carlsson) son despedidos de la central nuclear de Monty Burns, librándose el inepto Homer (del que, por supuesto, el malvado multimillonario tampoco se acuerda esta vez) al parecer por el aspecto que le daban las gafas que llevaba en ese momento, que no son suyas sino que le han caído en el retrete al ex-secretario de estado de EEUU Henry Kissinger, que había ido a visitar la planta.






Una vez más, asistimos a una de las muestras de la corrupción del alcalde Joe "Diamond" Quimby y la aparente ignorancia de los ciudadanos de Springfield ante ello, ya que su anuncio de huida de la ciudad (con la excusa de ser elegido allí alcalde para después traerles a todos con él) es aplaudida (con la excepción del doctor Julius Hibbert, ¿pista de su ideología política?) y hasta la siempre sensata Lisa Simpson le dona sus ahorros para ello.

Es entonces cuando el director Seymour Skinner sugiere que la salvación de la ciudad puede ser legalizar el juego, idea que es aceptada (no así lo que él pretendía, que era que parte de las ganancias fuesen a la escuela primaria) hasta por el reverendo Timothy Lovejoy (que, en una de las frases más brillantes y lapidarias de la historia de la serie, asegura que "cuando algo es aprobado por el Gobierno, pierde la condición de inmoral") y, para sorpresa de todos, Marge.








El segundo acto empieza también con un cruelmente divertido flashback de la infancia de Burns (curiosamente esta vez en color...quizá en la escena inicial buscaban con el blanco y negro crear aún más contraste entre la idílica situación del pasado, y la precaria posterior) quien ha decidido diseñar y construir su propio casino para aumentar aún más su patrimonio y poder, y Homer es contratado como croupier del blackjack. Las escenas donde le vemos ejercer uno más de sus muchos nuevos empleos resultan de lo más simpático, si bien se echa de menos la aparición de James Bond que finalmente pudimos ver en la séptima temporada, 2 después. También cabe destacar que por primera vez haría su aparición un secundario habitual en las temporadas actuales, Rich Texan o "el tejano rico", que en esa época parecía ser un político, ya que Homer le llama "senador".







La locura por el juego llega hasta el punto de que Bart monta con éxito otro casino junto con sus amigos en la casa árbol después de que le echaran cuando acababa de ganar un premio especial en una máquina tragaperras, mientras que la siempre inestable salud mental de Monty Burns parece resentirse, convirtiéndose en una caricatura de los últimos años de Howard Hughes: se recluye en su despacho del casino dejándose una barba cada vez más larga, así como las uñas de las manos y los pies, se obsesiona con su higiene, y hasta está empeñado en que la maqueta que ha construido (a la que llama "Alce Pulcro") es un avión de verdad.






Un día, Marge va a recoger a Homer. Tras una breve y absurda discusión (Homer le echa en cara que vaya al casino pese a estar en contra, algo que como ya vimos es completamente falso) ella se encuentra una moneda y de inmediato desarrolla una fuerte adicción, hasta el punto que Barney Gumble tiene que salvar a Maggie de un tigre en un momento de distracción. Como es habitual cada vez que no está, el 742 de Evergreen Terrace se convierte en un caos, y además Lisa está disgustada por la posibilidad de que su madre no vuelva a tiempo de ayudarle a coser un disfraz del estado de Florida para un concurso del colegio. Bart, ajeno a todo esto, engaña a Robert Goulet (con cameo del cantante y actor en la VO) para que actúe en su casino en lugar del de Burns.






Aunque Lisa consigue convencer a Homer (quien sigue empeñado en que su mujer está molesta por la legalización del juego) de intentar hablar con Marge, las ganancias de esta le hacen despreocuparse. Tras llegar a altas horas de la noche, se da cuenta de la situación que vive la familia, y promete dejar el juego. Pero no tarda en recaer, y llega el día del concurso, por lo que finalmente es Homer quien intenta ayudar con el disfraz, que como no podía ser de otra manera, es espantoso y ni siquiera el nombre está bien escrito.






Las lágrimas de Lisa por fin hacen reaccionar a Homer, quien empieza a gritar por todo el casino haciendo accidentalmente ganar a todo el mundo. Burns, que ve esto en las cámaras de seguridad, se asusta, y Smithers decide enviarle de nuevo a su antiguo trabajo del sector 7G. El oir hablar de la central nuclear hace a su vez despertar de su letargo a Monty y decide volver a su antiguo negocio...en su supuesto avión.







El final resulta solo agridulce, ya que, si bien Marge no volvería al casino (que fue demolido 5 temporadas después) numerosos capítulos posteriores evidenciarían que nunca llegará a estar curada del todo, lo que hace aún más duro y real el mensaje que se nos transmite. La nota humorística del final la pone el hecho de que, pese a todo, Lisa (junto a Ralph Wiggum) gane un premio por "claramente no haber sido ayudados por sus padres".




Próximamente, más episodios de Los Simpson en Joróbate Flanders. Dedicado a la memoria de Robert Goulet y Michael Mendel.

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