domingo, 3 de febrero de 2019

The disaster artist: oh hi, Mark!




Cuantas veces habremos oído el manido tópico de "cuanto peor, mejor". Uno de los más célebres lapsus de nuestro anterior Presidente vino a costa de eso.

Pero en el cine, por alguna razón, esto no puede ser más acertado. El espectador medio seguramente no recuerde qué película ganó el Oscar hace 5 años, pero siempre recordará esa película que le pareció muy mala. A menudo porque simplemente le pareció aburrida, se durmió, etc. Pero a veces se da ese sorprendente fenómeno: de tan desastrosa que es, acaba dando la vuelta y acaba siendo una experiencia desconcertantemente divertida. 

En 1994, Tim Burton hizo una primera profundización sobre esto en la figura de Ed Wood, director de la que por muchos años ha sido considerada la peor película de la historia, Plan 9 del espacio exterior. Este biopic protagonizado (como no) por Johnny Depp fue originalmente un fracaso de taquilla, pero le valió a Martin Landau el Oscar y el Globo de Oro por su interpretación de un decadente Bela Lugosi, y se ha ido convirtiendo en film de culto.






Como suele ocurrir, ha sido Internet la que desde el cambio de siglo ha alimentado la fascinación sobre lo que podríamos llamar la "cultura del bodrio". En 2010, el crítico estadounidense Doug Walker estrenó una de las más celebradas reseñas de su serie "Nostalgia Critic": The Room, una película (2003) relativamente reciente para lo que solía comentar (al menos en esa etapa, que ahora ni espera a que estén en DVD, pero ese es otro tema) que rápidamente fue bloqueada de su web por una denuncia de su productora, algo que el propio Doug satirizó en un peculiar sketch y que todavía generó más curiosidad en una nueva demostración de otro fenómeno de nuestro tiempo, el efecto Streisand.  ¿Por qué en un programa especializado entonces en cine infantil de los 80 se reseñaba una película independiente y por qué había tanto interés en que no se hiciera?

Sin que literalmente nadie supiera su país de origen, ni de donde sacaba el dinero, un absoluto desconocido actor llamado Tommy Wiseau escribió, dirigió, produjo y protagonizó The Room, en la que implicó a su amigo Greg Sestero, joven actor y modelo que había hecho pequeñas apariciones en Gattaca o Patch Adams. Aquel fue, por decirlo suavemente, un caótico rodaje. Sencillamente no quedaba claro siquiera el argumento de la película (que bien podría ser el típico telefilm de tarde) , siendo un puñado de escenas que en la mayoría nada aportaban a la trama.

Una vez que la película se popularizó tardíamente tras su sonoro fracaso en taquilla, Sestero escribió un libro autobiográfico donde narraba todo esto (llegando a hacer un cameo en el mencionado Nostalgia Critic para promocionarlo) llamado The disaster artist, que se publicó en 2013. James Franco se interesó en esta historia, y decidió producir la película del mismo título, donde interpretaría a Wiseau, con su hermano Dave como Greg.






Esta no es una película biográfica al uso. Pero es que la historia dista mucho de ser normal. Así, The disaster artist resulta una comedia dramática donde, a ratos Tommy resulta un personaje muy desagradable, y a la vez llegamos a empatizar con él. Casi una versión en imagen real de Bojack Horseman. A eso contribuye la posiblemente mejor interpretación en la carrera de James (recomiendo encarecidamente verla en VOS), que se transforma por completo, cosa que se demuestra en los créditos, donde vemos escenas de The Room y su recreación de forma simultánea. Créditos que no hay que dejar de ver hasta el final, porque tienen una curiosa sorpresa.

Próximamente en Joróbate Flanders, retomamos el ciclo de Marvel con Iron Man 3.

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