martes, 12 de febrero de 2019

Las grandes transformaciones de los videojuegos

El de los videojuegos es un mundo muy complejo. Los desarrollos se van alargando, y, por uno u otro motivo, hay títulos que terminan por no aparecer, o hacerlo de una forma diferente a la prevista. Hoy en Joróbate Flanders hablaremos de lo segundo:

Final Fight




Uno no ha sido niño en los 90 sin haberse dejado la paga semanal en cualquiera de las numerosas revisiones que tuvo la mítica recreativa de Capcom Street Fighter 2, con el deseo de que en Navidad le cayese la versión doméstica para su flamante Super Nintendo o SEGA Mega Drive. Pero no tantos recuerdan (o siquiera llegaron a conocer) la primera entrega, donde solo podías manejar a Ryu o Ken (según fueses primer o segundo jugador) .







Aunque hoy se vea un tanto simple, este primer juego tuvo un considerable éxito en EEUU, con adaptaciones para ordenadores como Amiga, Spectrum, Amstrad o sistemas MS-DOS, así como TurboGrafx 16 CD (donde, misteriosamente, pasó a llamarse Fighting Street) por lo que Capcom no tardaría en trabajar en una secuela.

Lo sorprendente es que, en un principio no iba a ser el SF2 que conocemos, sino que se fijaron en el género de moda de aquel momento, los beat´em´up de desarrollo urbano, con el título "Street Fighter´89", aunque posteriormente optaron por cambiarle el título, pasando a ser otra de sus franquicias legendarias, Final Fight. Aún tendrían tiempo de otra reconversión con aún menos conexión con el original (el extraño plataformas Street Fighter 2010 para NES) pero esa es otra historia.





Super Noah´s Ark 3D




¿Recordáis los videojuegos cristianos a los que jugaban Rod y Todd Flanders? Pues sí, aquello existía de verdad. Durante años, la compañía Wisdom Tree lanzó como churros para NES (sin preocuparse de pequeños detallitos sin importancia como tener licencia de Nintendo) todo tipo de juegos de diversos personajes de la Biblia que no eran sino copias de ínfima calidad de juegos más populares como Super Mario Bros 2 o Zelda.

Un buen día decidieron dar un salto de calidad (?) comprando los derechos de la película Hellraiser, de la que el fundador de la compañía Dan Lawton era un gran seguidor. Para esto, adquirieron a su vez a ID Software los derechos del motor gráfico de uno de los grandes éxitos del momento,  Wolfenstein 3D, el título pionero de los shooter en primera persona de John Romero.






Tras mucho tiempo de estancamiento en el desarrollo, Wisdom desistió de intentar adaptar un juego de esa envergadura en una 8 bits como NES, y dar el salto a la siguiente generación. Pero este no sería el único ni el más importante cambio, ya que empezaron a pensar que una película de terror gore no se correspondía con el modelo de mercado que habían seguido hasta entonces.

Dejaron pues pasar el tiempo a que expiraran los derechos de Hellraiser, y así nació uno de los videojuegos más peculiares de la historia: Super Noah´s Ark 3D, un clon de Wolfenstein donde, en lugar de matar a nazis en un castillo, debías dormir a ovejas en el arca de Noé. Por supuesto, tampoco esta vez tuvieron licencia de Nintendo, lo que supuso desarrollar un cartucho especial que necesitaba tener cualquier otro juego encima para poder funcionar. Una cotizada pieza de coleccionista.




Alex Kidd




Como posiblemente recuerden los fans con una cierta edad de este manganime, Dragon Ball no se prodigó tanto en consolas de SEGA como en Nintendo, posiblemente porque esta compañía no era tan fuerte en su Japón natal como en EEUU (donde no fue hasta el cambio de siglo cuando la serie de Akira Toriyama triunfó en Cartoon Network) o Europa. De esta forma, no fue hasta 1994 que, al ver el gran boom en Francia y España (países en los que MD era tan o más popular que SNES) Bandai lanzó Dragon Ball Bu Yu Retsuden (conocido aquí como "L´appel du destin") , juego de lucha que, sin llegar a alcanzar la calidad de la saga Super Butouden del "cerebro de la bestia", contaba con personajes menos usuales como Krilin o Reecom del ejercito de Ginew.





Pero no fue hasta el pasado 2018 que tuvimos una sorprendente revelación: SEGA en los 80 había adquirido los derechos para un plataformas de la serie original (aún quedaba para Z) en Master System. Pero, de pronto, perdieron dicha licencia, y optaron por reconvertirlo en la que sería su primera mascota, Alex Kidd. Esto todavía se puede ver en pequeños detalles como la ropa roja similar a la de Goku pequeño, su gran glotonería comparable a la de los saiyans, el pelear usando el juego de piedra-papel-tijera como él, o su puñetazo, que no era sino la forma de sustituir el "bastón mágico". Tras varias secuelas, sería otro personaje, el erizo Sonic, el que se convirtiese en el más duro rival de Mario.







Mary-Kate and Ashley: Get a clue!


Back in the 90s, i was in a very famous TV show... 🎼



Esto casi daría para artículo propio. Desde que, apenas recién nacidas, se turnasen para interpretar a Michelle Turner en la sitcom Padres forzosos, las gemelas Mary-Kate y Ashley Olsen se convirtieron prácticamente en su propia marca en EEUU, protagonizando varias películas, otra comedia que apenas pasó de una temporada (Two of a Kind, conocida en España como "Cosas de gemelas"... ah, A3 en los 90 y sus traducciones creativas) y sobre todo patrocinando todo tipo de merchandising, incluyendo videojuegos. La mayoría eran recopilaciones de minijuegos sin demasiada historia, pero entre medias apareció un plataformas en Game Boy Color (programado por la extinta Crawfish Interactive para Acclaim) que, sorprendentemente, resultó ser, no desde luego una referencia del género, pero sí un aceptable juego.






De nuevo, como ya pasara en su día con Krusty´s fun house, estábamos ante otra de las extrañas maniobras de Acclaim. Originalmente Get a clue iba a ser nada más y nada menos que un juego de South Park, tras aquellos mediocres shooters en N64 y Playstation. En otro caso similar al del antes mencionado Super Noah´s Ark 3D, los productores Trey Parker y Matt Stone dieron orden de cancelarlo al considerar que GBC era una consola demasiado infantil para albergar su serie de animación para adultos. Recientemente (al igual que otros desarrollos cancelados de la portátil como el remake del primer Resident Evil) fue publicada una rom de este juego perdido.





Como siempre, si se os ocurren otros juegos de este tipo, podéis sugerirlos en los comentarios.

jueves, 7 de febrero de 2019

Revisitando Marvel: Iron Man 3 (SPOILERS)




Con Los vengadores quedó cerrada a lo grande la llamada "primera fase" del universo cinematográfico de Marvel. Ahora empezaba una nueva etapa, la de las gemas del infinito, donde la conexión entre los diferentes personajes sería aún más estrecha. Y quien mejor para esta primera película que el personaje que lo inició todo, Tony Stark (Robert Downey Jr) .

Para esta película (inspirada en la saga Extremis) habría un cambio en la dirección. Shane Black (coguionista junto a Drew Pearce) sustituía a Jon Favreau, cuyo personaje de Happy Hogan tuvo un papel mucho más corto aquí. Por su parte, Don Cheadle volvía como el Coronel James Rhodes, pero ya no con su característica armadura Máquina de guerra, sino con el "Iron Patriot", que en el comic perteneció al villano Norman Osborn, en una posible estrategia publicitaria destinada a hacerle la competencia a The amazing Spiderman, estrenada con relativo éxito el año anterior (2012) y cuya secuela se esperaba para el siguiente. Aunque ya habrá tiempo de hablar del conflicto con los derechos del "trepamuros".


Ni siquiera mola tanto



¿Quien sería el villano? Por supuesto, estaba, dada la saga ya mencionada, la doctora Maya Hansen, interpretada por Rebecca Hall. Pero IM3 sería sobre todo lo que los fans del comic esperaban: por fin hacía su aparición el Mandarín (Ben Kingsley) líder de la organización "Los diez anillos" que secuestró a Stark y le provocó la metralla en el corazón. Sin embargo, como ya venía pasando en películas anteriores (donde Jarvis se convirtió en J.A.R.V.I.S, por ejemplo) el personaje no era exactamente lo que se creía.






Tras un pequeño prólogo ambientado en Suiza en 1999, Iron Man 3 arranca exactamente donde terminó Los vengadores. El hasta entonces arrogante Tony vivió en sus carnes hasta qué punto llegaban las dimensiones de aquellas antiguas palabras de Nick Furia (Samuel L Jackson) de que "formaba parte de algo más grande" al meterse en un agujero de gusano hacía un planeta lejano con el objetivo de acabar con la invasión Chitauri. Desde entonces, trata de huir de la ansiedad que los recuerdos de esto le provocan (así como la obsesión por la seguridad) construyendo más y más armaduras.

Su último invento es la Mark 42, que puede ser manejada a control remoto, lo que le permitiría "luchar" a distancia desde un lugar seguro. Pero, por alguna razón, resulta demasiado frágil e inestable, lo que le causa más problemas que ventajas. Algo que no hace sino empeorar cuando, tras una fuerte explosión, Hogan resulta gravemente herido y Stark amenaza en televisión al misterioso "Mandarín", que bombardea su mansión inutilizando a J.A.R.V.I.S, y por tanto, sus armaduras.



¿Qué pudo fallar en el plan de dar la dirección de su casa a unos terroristas?



Aquí surge la primera de las polémicas que dividió al fandom en esta película, lo poco que sale Iron Man. Pero es que precisamente el mensaje que transmite la película es que Tony sigue evolucionando como persona, y empieza a darse cuenta de que no necesita las armaduras para ser un héroe. Algo que trataría de transmitirle a su más aventajado discípulo años después. Pero de nuevo, ya habrá tiempo de hablar de eso.

Tras una dura lucha con varios de los hombres del Mandarín, y la ayuda del inteligente niño Harley Keener (Ty Simpkins), Stark consigue llegar a la guarida de su enemigo, que resulta no ser una cueva en Afganistán sino una lujosa mansión en Miami. Y es que resulta que "los diez anillos" no es lo que parecía. 

Aldrich Killian (Guy Pearce) es un brillante científico con una grave minusvalía, que tuvo la ocasión de encontrarse con Tony en una fiesta de fin de año en 1999 en Suiza. Aunque este aceptó quedar con él para ayudarle en su trabajo, jamás se presentó a la cita, lo que le causa deseos de venganza. En colaboración con la doctora Hansen (que pasa esa noche con Stark) desarrolla el virus Extremis, que permite regenerar partes del cuerpo perdidas, con un peligroso efecto secundario: que el cuerpo se caliente hasta 3000 grados explotando. Killian monta entonces la farsa del Mandarín para cubrirse las espaldas, en una conspiración que llega hasta altas esferas del gobierno de EEUU.

Y he aquí la otra gran controversia del film: el amenazante "Mandarín" resulta no ser sino Trevor Slattery, un actor fracasado. Entiendo que este giro pueda no ser del gusto de todo el mundo, pero pensemos una cosa: en una trilogía orientada a la ciencia ficción, ¿hubiese quedado realmente bien un personaje que lucha con anillos mágicos? Si acaso lo veo más propio de por ejemplo el Doctor Extraño.


Guste o no la peli, esto sigue siendo espectacular


Tras la intensa batalla final en una plataforma petrolífera de Stark y Rhodes contra Killian (también sometido a Extremis), que tiene secuestrados al Presidente de EEUU (William Sadler) y a la novia de Tony, Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) este finalmente decide dejar atrás con su pasado. Se somete a una delicada operación de corazón que le quita la metralla pudiendo renunciar a su vez al reactor ARK, y posteriormente destruye las armaduras. Pero este no es el fin de Iron Man, sino un nuevo comienzo.

Eso lo veremos en próximos capítulos.

domingo, 3 de febrero de 2019

The disaster artist: oh hi, Mark!




Cuantas veces habremos oído el manido tópico de "cuanto peor, mejor". Uno de los más célebres lapsus de nuestro anterior Presidente vino a costa de eso.

Pero en el cine, por alguna razón, esto no puede ser más acertado. El espectador medio seguramente no recuerde qué película ganó el Oscar hace 5 años, pero siempre recordará esa película que le pareció muy mala. A menudo porque simplemente le pareció aburrida, se durmió, etc. Pero a veces se da ese sorprendente fenómeno: de tan desastrosa que es, acaba dando la vuelta y acaba siendo una experiencia desconcertantemente divertida. 

En 1994, Tim Burton hizo una primera profundización sobre esto en la figura de Ed Wood, director de la que por muchos años ha sido considerada la peor película de la historia, Plan 9 del espacio exterior. Este biopic protagonizado (como no) por Johnny Depp fue originalmente un fracaso de taquilla, pero le valió a Martin Landau el Oscar y el Globo de Oro por su interpretación de un decadente Bela Lugosi, y se ha ido convirtiendo en film de culto.






Como suele ocurrir, ha sido Internet la que desde el cambio de siglo ha alimentado la fascinación sobre lo que podríamos llamar la "cultura del bodrio". En 2010, el crítico estadounidense Doug Walker estrenó una de las más celebradas reseñas de su serie "Nostalgia Critic": The Room, una película (2003) relativamente reciente para lo que solía comentar (al menos en esa etapa, que ahora ni espera a que estén en DVD, pero ese es otro tema) que rápidamente fue bloqueada de su web por una denuncia de su productora, algo que el propio Doug satirizó en un peculiar sketch y que todavía generó más curiosidad en una nueva demostración de otro fenómeno de nuestro tiempo, el efecto Streisand.  ¿Por qué en un programa especializado entonces en cine infantil de los 80 se reseñaba una película independiente y por qué había tanto interés en que no se hiciera?

Sin que literalmente nadie supiera su país de origen, ni de donde sacaba el dinero, un absoluto desconocido actor llamado Tommy Wiseau escribió, dirigió, produjo y protagonizó The Room, en la que implicó a su amigo Greg Sestero, joven actor y modelo que había hecho pequeñas apariciones en Gattaca o Patch Adams. Aquel fue, por decirlo suavemente, un caótico rodaje. Sencillamente no quedaba claro siquiera el argumento de la película (que bien podría ser el típico telefilm de tarde) , siendo un puñado de escenas que en la mayoría nada aportaban a la trama.

Una vez que la película se popularizó tardíamente tras su sonoro fracaso en taquilla, Sestero escribió un libro autobiográfico donde narraba todo esto (llegando a hacer un cameo en el mencionado Nostalgia Critic para promocionarlo) llamado The disaster artist, que se publicó en 2013. James Franco se interesó en esta historia, y decidió producir la película del mismo título, donde interpretaría a Wiseau, con su hermano Dave como Greg.






Esta no es una película biográfica al uso. Pero es que la historia dista mucho de ser normal. Así, The disaster artist resulta una comedia dramática donde, a ratos Tommy resulta un personaje muy desagradable, y a la vez llegamos a empatizar con él. Casi una versión en imagen real de Bojack Horseman. A eso contribuye la posiblemente mejor interpretación en la carrera de James (recomiendo encarecidamente verla en VOS), que se transforma por completo, cosa que se demuestra en los créditos, donde vemos escenas de The Room y su recreación de forma simultánea. Créditos que no hay que dejar de ver hasta el final, porque tienen una curiosa sorpresa.

Próximamente en Joróbate Flanders, retomamos el ciclo de Marvel con Iron Man 3.

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